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viernes, 12 de julio de 2013

Productividad, productividad

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LAREPUBLICA.CO, Martes, Julio 9, 2013 - 22

Imagen de Guillermo Trujillo Estrada


Guillermo Trujillo Estrada
Productividad por hectárea, es la única alternativa de la caficultura colombiana para permanecer en una economía en la que ya no es la actividad predominante y por lo tanto, no puede influir en la política pública que le permita ocultar su baja productividad, obteniendo un ingreso que la haga sostenible por otros medios.
 
El gran reto es lograr alcanzar a Brasil, país que registra una productividad de 20 sacos de café verde por hectárea. Si Colombia tuviese ese mismo nivel, su producción con la misma área cultivada actualmente, estaría en 18 millones de sacos, y el ingreso sería del orden de US$4.500 millones, el doble del actual. Serían más de $8,5 billones (valor estimado de la cosecha), y el ingreso por hectárea/año estaría en más de $9 millones, cifra que haría viable el negocio, sin requerir ayudas del Estado y competitiva nuestra caficultura.
 
Pero la realidad es otra y el promedio nacional no alcanza  los 10 sacos por hectárea. Es lamentable si tenemos en cuenta que en el país hay productores con 33 sacos (200 arrobas) por hectárea promedio en la finca. Si lográramos producir al menos 16 sacos, que no requiere esfuerzo especial, el país estaría produciendo 14,4 millones de sacos y el valor de la cosecha valdría más de $6 billones, ingreso superior al de la bonanza del 2011, que fue de $5 billones.
 
Para lograr esta productividad se requiere continuar el trabajo de la Federación Nacional de Cafeteros por renovar a nuevas variedades, aumentando el número de árboles por hectárea. Mejorar la administración de las fincas, obliga a diseñar un sistema de asistencia permanente, principalmente a los pequeños productores menores de 5 hectáreas, que generan el 71 % del café del país. Los caficultores de más de 5 no registran en promedio mayor productividad, lo que demuestra que no importa el tamaño, pero se supone que necesitan menos asistencia técnica.
 
Por medio de las famosas tabletas cafeteras inteligentes, se puede hacer seguimiento día a día de las labores, a todos y cada uno de los cafeteros, de la misma manera que un gran cafetero controla la actividad de su finca. Solo haciendo las labores a tiempo, y trabajando ordenadamente se puede lograr nivelar a todos los productores por lo alto. Esta estrategia, que facilitan los medios electrónicos modernos, suple en buena forma a los agrónomos, dado que es imposible que los 1.500 que prestan la asistencia en la FNC puedan atender en su predio a 550.000 productores.
 
Debemos aceptar que el gran problema es la productividad y que con la misma área podemos tener el doble de árboles y producción, trabajadas por el mismo campesino y obteniendo el doble del ingreso. 
 
Con seguridad vamos a ver crecer la producción fruto de la renovación tan fuerte que ha hecho Colombia, pero aún falta el gran reto de pasar cerca de 300.000 hectáreas de variedad caturra a variedades resistentes; de lo contrario se puede volver a producir una crisis de producción por afectación de roya en el próximo invierno.
 
Para los escépticos que afirman que Colombia no puede vender ese café, vale la pena aclarar que el consumo mundial en 10 años ha aumentado 30 millones de sacos, tres veces nuestra producción. Adicionalmente, Colombia representaba 12% del mercado mundial y hoy tan solo 5%, por lo tanto el espacio para crecer es muy grande.
 
En definitiva, los productores de café en Colombia tienen el reto de aumentar la productividad no solo para su propio bienestar, sino también para que el costo por libra producida permita competir en el mercado mundial en las épocas de bajo precio. 
 
Así mismo, con un esfuerzo en aumentar la productividad se gana el respeto de la sociedad colombiana, para cuando el país deba ayudar al café, encuentre mérito suficiente en un sector que además de su enorme contenido social sea ejemplo de eficiencia. Ya se escuchan pronunciamientos de líderes gremiales, economistas, columnistas y ciudadanos que no comparten la ayuda otorgada por el gobierno a los cafeteros, por ser recursos públicos que consideran deben ser para todos los colombianos.

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