www.cronicadelquindio.com, MARZO 18 DE 2021
Por: Juan José Orrego López
Con el inicio de las reuniones, en el Congreso crece la preocupación por las reformas que no se sabe qué incluyen, vacío que inquieta a los colombianos. Gobierno y Congreso no responden, en especial, lo relacionado con la reforma tributaria, que, dicho sea de paso y tomando como punto de reflexión solo lo divulgado por unas entidades, invita a pensar en un daño inmenso a la población.
No existirá respuesta, guardan silencio para no dañar pactos en los que el gobierno estará pendiente de sus ajustes, comprometiendo su aprobación y sin atender reclamos. Mientras las mayorías que lo apoyan, aunque afecte a varios sectores, seguro aprobarán las reformas rápido, porque el tiempo es corto y los congresistas tienen otros intereses, como su reelección.
Comienza para ellos el camino de cada 4 años, visitar regiones prometiendo sueños, acumulando incautos e inocentes, formando sus listas y equipo de trabajo, dejando a un lado los problemas del país para no perder tiempo. Linda nuestra democracia, elige primero al Congreso y de último el presidente del país, incomprensible. ¿Será que se deben elegir el mismo día?
El país en crisis, pocos atienden el dolor de la sociedad e impiden a los que quieren construir, entonces ¿Qué hay que hacer para que los líderes o congresistas luchen realmente por el país?
Este soplo democrático, que se vive en espera de cambios, genera más dudas y temores sobre el futuro de Colombia, para qué esperar ajustes reales. Por esa inservible ley 5 del Congreso se observa a muchos actuando de manera incorrecta, perdiendo tiempo, dejando vacíos jurídicos e impidiendo cambios que aumentan la desconfianza y esperanza de lograr en forma integrada la transformación del país.
Es urgente hacer ajustes a la ley 5 para que actúen y defiendan a Colombia. Existen unos que no aportan nada al país y otros están haciendo cola para llegar, pero solo para transitar, cobrar y sumar votos cuando se requiera, sin importar daños, sin dar razones válidas a la sociedad, solo para presionar su elección mediante el voto, exigiendo y comprometiendo en lo posible los cambios estructurales que requiere el país, antes de que sea demasiado tarde. Usted decide.
¿Será que ir al Congreso es tan lucrativo? Existen aspirantes nuevos, muchos del montón haciendo gala de lo que no son, como ser portadores de una conducta, una sabiduría y una ética que no tienen; mentiras, es una ordinaria estrategia electoral para ganar uno de los apetitosos cupos del Congreso y hacer o repetir lo que otros han hecho: nada. Lo que sí saben hacer es vivir de los dineros públicos, hoy no controlados gracias a una democracia al revés y los marranitos o inocentes de turno. Lástima que existan tantos inocentes colombianos preparados para repetir la historia de cada 4 años, vendiendo su conciencia, eligiendo vividores públicos dispuestos a pasarla feliz sin hacer nada. Y lo más increíble, la ley no lo castiga, al contrario, permite que los reelijan.
¿A qué van al Congreso?
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