www.cronicadelquindio.com, OCT 15 2020
Por: Juan José Orrego López
En Colombia ya se volvió una rutina
donde todos los días nace o se encuentra un problema relacionado ya sea con
violaciones, acusaciones, masacres, atracos, entre otros, actos horribles y
actitudes violentas, que, en vez de luchar por frenar y detener, prefieren unos
difundir voces fogosas anunciando que los actos violentos seguirán guiados con
apoyos del exterior.
Si los que tienen el poder no
quieren o no pueden atajar ese incremento de la violencia, es oportuno revisar
y preguntar qué nos está pasando, ¿Cuál es el control que tiene el país, quien
lo ejerce y porque, en la sociedad civil se ha generado silencio y alegría en
unos y en otros tanto inconformismo y rebeldía? Si observamos y analizamos, sin
pasiones ni emociones lo que se tiene, sus deficiencias y lo que hace falta, como
resultado, se identificará, que los causantes de ese desorden en el país somos los
mismos ciudadanos colombianos.
A Colombia se le atravesó y llegó el
Covid 19, momento duro y lección oportuna para la sociedad civil y empresarial,
donde se pudo identificar que los inmensos vacíos institucionales, problemas y
necesidades, aunque muchos no lo aceptan, vienen de años y no son fruto de
insurrección, rebeldías o incitaciones políticas externas. Ese es el resultado de
una historia de líderes que han manejado y gobernado el país por años haciendo siempre lo mismo, que continúan todavía en el poder, ya no con sus
partidos de origen, sino una mezcla de ideologías y de puros intereses
económicos.
Consciente la sociedad que los problemas
que se escondieron en el pasado hoy están afectando y generando una crisis
fuerte, que, además, por esa cultura criolla pública intacta sin acabar
de sacar provecho con actitudes corruptas sin importar los daños a futuro. Levantar
hoy a Colombia con esas mentes nocivas, parece casi imposible, difícilmente mejorará el país a corto
plazo, seguirá igual o peor, donde los problemas se aplazan, sin poder darles solución.
Por esa negligencia y negociaciones de
años anteriores, hoy los líderes de otros partidos o de oposición, formulan
soluciones a esos problemas que no han querido remediar dando razones a la
molestia ciudadana. Por no corregir en forma oportuna esos reclamos que, con el
paso del tiempo, hoy son el malestar o bomba que atormenta al país, su
dirigencia y parte de la sociedad civil.
Conociendo partes de las soluciones
que proyectan los partidos políticos, hoy más que nunca, se hace obligatorio una
integración constructiva para impulsar a la Nación y no ampliar esa disputa por
medio de ideas o amenazas que no conduce a nada positivo.
Hay que frenar esa violencia para no exponer la estabilidad del país a futuro y no someter a los colombianos al capricho de líderes o jefes incapaces, inmaduros e irresponsables a seguir jugando con nuestra democracia ya maltratada y herida, por esos que irrespetan nuestra Constitución Nacional.


