viernes, 22 de mayo de 2020

Keynes recargado y la mano visible del Estado: ¿hacia un nuevo pacto redistributivo?

Éder Rodríguez

La crisis por el COVID-19 muestra que los mercados siguen necesitando la intervención estatal para no naufragar. La apuesta debería ser por mantener estas intervenciones en el largo plazo y no solo durante la emergencia. 

Los manuales de los cursos universitarios introductorios de economía suelen presentar el concepto de la mano invisible de Adam Smith como una metáfora para explicar la forma en la que los mercados logran su equilibrio guiados por las aspiraciones individuales de cada uno de los agentes con una nula presencia del Estado.
Bajo esta sombrilla conceptual, una gran parte de la teoría económica se ha construido, de una forma elegante y rigurosa, sobre los conceptos de intercambio y equilibrio, y dejando el rol del Estado en un segundo plano -como un agente que solo debe limitarse a corregir algunos fallos del mercado-. Hablamos de un ver y si acaso tocar de lejitos.
Pero cada vez que los cimientos del capitalismo ceden ante el abrumador peso de la realidad, el rol del Estado (y del gasto público) se muestra fundamental y salvador.
Han pasado más de 90 años desde la Gran Depresión de 1929, una debacle que reformuló el mundo a partir de la carencia, del exceso sobredimensionado de ausencias. En su momento, el gobierno del presidente Hoover en EE. UU. pensó que la economía, siguiendo los preceptos de la mano invisible, volvería a su equilibrio automáticamente. La crisis fue tan profunda, que la mano invisible del mercado no pudo obrar mágicamente y entonces se requirió la mano muy visible del Estado en el “New Deal” para sacar a flote a la mayor economía del planeta.

En términos teóricos, la intervención del Estado en la macroeconomía es asociada al gran economista británico del siglo XX John Maynard Keynes, quien hizo énfasis en el determinante papel del gasto público y en la importancia de la demanda agregada (DA).
Los componentes de la DA están asociados al consumo de los hogares, las compras de las empresas (inversión), el gasto público y el del resto del mundo. Desde esta perspectiva, cuando hay un golpe a la economía los diferentes componentes de la demanda agregada caen, porque los consumidores pierden confianza, las empresas no ven ninguna motivación para invertir y, si el choque es global, las ventas al resto del mundo se desploman.
En esta ecuación, la única forma de recuperar la DA es recurriendo al gasto público y a una menor obsesión por unas finanzas públicas balanceadas. La brillante idea de Keynes para salvar el capitalismo después de 1929 fue socializar la inversión en vez de socializar la propiedad.
Otras ideas del economista británico y de otros, como Richard Khan, trascendieron y hoy son fundamentales para entender lo que se conoce como el efecto multiplicador del gasto del gobierno, un efecto de retroalimentación positiva del gasto público que hace que la economía crezca mucho más que la inyección inicial del Estado.
A partir de estos planteamientos, después de la Depresión y de la Segunda Guerra Mundial, surgió un capitalismo mucho más matizado, de orientación keynesiana, que dio paso a un período conocido popularmente como los años dorados del capitalismo.
Como lo ha mostrado Thomas Piketty, los 30 gloriosos (1940-1973) fueron un período en el que mejoró la distribución del ingreso en diferentes economías y existió una gran movilidad social.
Esta época llegó a su fin con el choque petrolero de 1973, con el cambio de la paridad oro-dólar convenida en los acuerdos de Bretton Woods y con una crisis en la que se mezcló el estancamiento de la economía con la inflación (estanflación).
Esta crisis, que no alcanzó las dimensiones de la Gran Depresión, puso en entredicho el poder del Estado en medio de retóricas nacionalistas enmarcadas de la narrativa de la Guerra Fría: un Estado demasiado grande huele a comunismo.
Así es como se alzó una época de desregulación y privatización, de la que fueron campeones indudables los gobiernos de Thatcher y Reagan. La mano invisible volvió a obrar de forma libre y poderosa al menos hasta 2008.
La crisis financiera marcó el retorno del maestro británico bajo la bandera de los millonarios planes de rescate de la era Obama, que buscaban reactivar una economía que, corriendo, se quedó quieta.
Este regreso al escenario de la economía global fue celebrado. En 2009 se publicó el libro Keynes: el retorno del maestro, de sir Robert Skidelsky. En 2010 salió Tiempo para la mano visible: lecciones de la crisis financiera de 2008, editado por Joseph Stiglitz, Stephany Griffith-Jones y José Antonio Ocampo. La ilusión por el retorno de Keynes era grande, tanto que Stiglitz se apresuró a afirmar que la caída de Lehman Brothers y la debacle de esos años era para el capitalismo lo que la caída del muro de Berlín fue para el comunismo.
Pero las euforias que resultan de las crisis son como el optimismo de una borrachera: es intenso, pero dura poco; se desvanece con las primeras luces del alba, cuando se ha de comprobar que, en el fondo, todo sigue igual.
En la corriente principal del estudio de la economía se cree en Keynes y en el poder del gasto público solo para el corto plazo, pues existe una gran devoción por el retorno a los niveles naturales de producción en el largo plazo con la ayuda de la mano invisible del mercado y de los precios flexibles. Después de 2008 las medidas de intervención estatal no duraron mucho y nuevamente se les dio juego a los desbocados intereses de los agentes financieros, que al final mantuvieron sus aliados en el poder estadounidense, pese al cambio de gobierno republicano a demócrata en 2009.
El COVID-19 se adelantó a una nueva crisis que se veía venir por la continuación de la desregulación financiera y el alto nivel de endeudamiento de operadores del mercado. Todo apunta a que este será el momento de inflexión de nuestra era, un sustantivo que se escribirá en mayúscula para los libros de historia: El Tiempo del Virus.
Ante este choque inesperado los gobiernos de la gran mayoría de países han liberado el río del gasto público, pero seguirán con la idea de que la DA solo reactiva la economía en el corto plazo. Esto se puede asociar a la noción de “Keynesiano Bastardo”, que utilizó Joan Robinson para describir cómo las ideas de Keynes se adoptaron abruptamente en los modelos de equilibrio tradicionales, algo así como intentar algo diferente para que todo siga igual.
La magnitud de la crisis actual ha hecho necesario revindicar de nuevo el rol del Estado. Las políticas macroeconómicas que se consideraban como una aparente verdad científica han tenido que ceder. Dogmas como las finanzas públicas balanceadas -inspiradores de la regla fiscal- y el Banco Central Independiente han tenido que ser flexibilizados.
Pero esta flexibilización no ha descuidado a los grupos de interés, especialmente a aquellos grupos económicos y financieros dominantes, para los cuales el statu quo de la política macroeconómica ha sido muy conveniente.
Lo que unos han percibido como bondades durante 30 años, no se han transformado en beneficios para gran parte de la población, que vive del día a día en mercados informales, endeudada y sin casi ningún respaldo en ahorro y protección social: la desigualdad parece haber sido adoptada como un pilar informal, si se quiere bastardo, de la economía colombiana.
Ideas tradicionales en economía, como aquellas que dicen que bajos salarios permitirán recuperar la productividad o reformas tributarias para tapar huecos fiscales que deja la crisis deben ir perdiendo fuerza. Las movilizaciones de 2019 muestran que, tarde o temprano, hay que tomar un nuevo rumbo.
El horizonte más allá del COVID-19 y las limitaciones de los años venideros son una oportunidad para la aparición duradera de las ideas de Keynes, junto con la consolidación de un pacto redistributivo que es necesario en economías emergentes como la colombiana.
Los impuestos deberán ser más progresivos y distributivos. Con voluntad política podría contenerse el apetito de los rentistas del corto plazo. Ya lo decía Keynes metafóricamente: las inversiones deben ser como un matrimonio, estable y duradero a largo plazo. Solo unas finanzas al servicio de la economía, con regulaciones en favor de las mayorías, permitirán matizar el capitalismo que sigue necesitando una mayor intervención del Estado, y que la necesitará más con las crisis climáticas por venir.
Las ideas de Keynes no pueden limitarse al gasto público en períodos de crisis: es posible ser keynesiano en el largo plazo, como bien mostró Marco Missaglia, profesor de la Universidad de Pavia y uno de mis mentores. El tiempo aquí no se piensa como el plazo en el que el maestro británico decía que estaremos muertos. Hablamos de un ciclo en el que todos puedan aspirar a vivir mejor.
El Tiempo del Virus es una tormenta que se lleva por delante un pequeño barco en el mar, con todas sus almas a bordo. Todas excepto una: un náufrago que despierta en una extraña y vasta costa. Esa es la oportunidad. El Tiempo del Futuro, listo para liberarse de algunas de las angustias y deformaciones del pasado.
*Profesor de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional de Colombia. @diegoguevaro

Reflexiones al tema pensiones

Por qué es necesario un “new deal” para el trabajo en la pospandemia

Éder Rodríguez

Las deficiencias en las garantías y condiciones del sistema laboral en Colombia revelan, en el contexto de la crisis por el COVID-19, la demanda por un nuevo contrato social alrededor del derecho al trabajo. 

En un contexto de globalización económica aprendimos que las pestes y las crisis económicas se extienden en función del confinamiento y la distancia social. Estas medidas han revelado, a su vez, las profundas inequidades y carencias globales del sistema de distribución de la riqueza.
En efecto, la política de aislamiento preventivo obligatorio para la contención del coronavirus, y la consecuente crisis económica, han determinado el redescubrimiento del estado de bienestar y la demanda de intervención estatal (incluso por los mismos que profesaban antaño su desmonte) para garantizar la sostenibilidad y mantenimiento de las fuentes de empleo y la continuidad de los ingresos de los trabajadores.
El crecimiento exponencial del trabajo a distancia y el teletrabajo han puesto en evidencia la necesaria reorientación de la disciplina que regula esta modalidad de trabajo, incluyendo normas específicas sobre el denominado “derecho a la desconexión”, la efectividad en el pago de “auxilio de conexión”, la inclusión en los programas de salud ocupacional de los teletrabajadores, la ciberseguridad y el respeto de la intimidad, vida privada y datos personales.
Las actividades relacionadas con el sistema de sanidad, tradicionalmente adscritas a esquemas de devaluación de derechos (órdenes de prestación de servicio, cooperativas de trabajo, etc.), han demostrado su carácter indispensable para la sociedad y deben ser revalorizadas para corregir los estándares de remuneración y estabilidad de los trabajadores de la salud.
En el marco de la emergencia económica, las medidas adoptadas han carecido de diálogo social, algo que condiciona su legitimidad y eficacia y termina por comprometer los derechos de los trabajadores como una respuesta a la crisis, cuando la propia emergencia ha invertido el principio de ajenidad de los riesgos, la continuidad de ingreso y la no regresividad de derechos laborales como parámetro de contención constitucional fundamental en el estado de emergencia.
La ausencia de amortiguadores sociales determinó la desnaturalización del auxilio de cesantía y al disfrute de las vacaciones como método para cubrir la disminución de salario, algo que compromete el ahorro y la efectividad del descanso de los trabajadores. Se acudió a la reducción de salarios como una medida de emergencia, dadas las carencias de cobertura del sistema de seguridad social en Colombia, que debe ser reestructurado para incluir esquemas eficientes de protección al desempleo.
Las medidas de progresiva reactivación económica han revelado la ausencia de políticas laborales que concilien la vida laboral y familiar, y que reconozcan y se articulen con las actividades de cuidado, que hoy exponen a los trabajadores a situaciones muy complejas de manejar con los colegios y universidades aún operando a distancia.
La política de aislamiento preventivo obligatorio ha profundizado las brechas por género en materia de empleabilidad y equidad salarial, generando así tres fenómenos: la sobrecarga de trabajo no remunerado, el aumento de la violencia intrafamiliar y la pérdida de ingresos por el cierre de sectores económicos feminizados.
La proyección del aumento del desempleo en la pospandemia (entre 16 y 20 %) demanda la estructuración de políticas activas de empleabilidad y respuestas institucionales en cabeza del Sistema de Seguridad Social, orientadas a cubrir las contingencias que naturalmente se derivan del desempleo. También es necesario pensar en la generación de incentivos para una reinserción al mundo del trabajo que permita un funcionamiento eficiente en el sistema de relaciones laborales.
En este orden de ideas, el seguro de desempleo debe amparar a los trabajadores en situación de desempleo involuntario (despedidos sin justa causa para el caso colombiano), prever la obligatoria inscripción en el Servicio Público de Empleo y el seguimiento de los programas de capacitación y reentrenamiento para la búsqueda de una nueva vinculación laboral.
Es necesario descartar, en todo caso, la liberalización del despido como un camino para corregir las disfuncionalidades de los índices de empleabilidad, cuya fórmula de reducción de tasas indemnizatorias por despido ha traído costos sociales, para las empresas y los trabajadores, que bien sirven como un consejo para mantener y profundizar los esquemas de protección contra el despido.
El subsidio de emergencia para las nóminas de las empresas que hayan sido golpeadas por la pandemia carece de compromisos de fondo para que las compañías mantengan la estabilidad laboral de los trabajadores vinculados a la entrega de los beneficios por un período, algo que contribuiría a la protección del empleo en etapas de crisis. Esto a pesar de que se condiciona la entrega de recursos a la ausencia de reportes de suspensión del contrato de trabajo, incluyendo licencias no remuneradas.
De otra parte, la informalidad del sistema de relaciones laborales en Colombia impide la adopción de políticas de contención del COVID-19, dada la ausencia de reconocimiento de prestaciones económicas por incapacidades para 14 millones de trabajadores. Esta es una población que opta por seguir sus actividades en tiempos de pandemia para poder acceder a bienes y servicios vitales. Esto demuestra que se debe reorientar la política de intervención para incluir incentivos de tránsito hacia la formalidad.
Resulta necesario caracterizar de forma adecuada la informalidad laboral, rediseñando su definición existente para decantar un enfoque de intervención que resulte útil para la reactivación económica. Esta redefinición, que toma conceptos como tamaño de empresa, trabajadores familiares sin remuneración y trabajadores domésticos, puede vincularse con otras categorías (vinculación laboral con vocación de permanencia o altas en seguridad social) y nutrirse con indicadores como informalidad en la vivienda.
En el contexto de la crisis, la demanda de incorporar una renta básica (incondicional y de cobertura universal) se manifiesta como una garantía de ciudadanía para la sostenibilidad del sistema económico y tener una menor afectación de la demanda en la recesión que sobrevendrá a la pandemia.
La dimensión social y económica de la crisis ha revelado la demanda de medidas de intervención pública para reconstruir el modelo laboral, que incluyan estrategias de acceso a bienes y servicios para los más vulnerables a través de la renta básica universal. Así como un nuevo modelo laboral, que proteja el trabajo y los trabajos, bajo el postulado transversal que debe gobernar la pospandemia: más sociedad y menos mercado, como denominador común del new deal para la recuperación después de la crisis.
* Observatorio Laboral, Universidad del Rosario.

Reflexiones al tema pensiones

¿Es conveniente aplazar la prima de junio?

Getty Images
La propuesta originalmente vino de Fenalco. El Gobierno admite estar estudiando esta posibilidad. Pero hay voces que aseguran que no sólo violaría derechos laborales, sino que sería una medida contraria a la reactivación económica.
Esta semana, Fenalco (gremio de los comerciantes) propuso que se aplazara o subsidiara el pago de la prima de junio, que debe hacerse antes del 30 de ese mes.

Este jueves, el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, confirmó que el Gobierno se encuentra contemplando qué hacer con la prima (y con la propuesta de Fenalco).
De base, la idea del gremio de los comerciantes busca darle más respiro al sector y ofrecer un mayor espacio de caja para un renglón de la economía que apenas comienza a reactivarse (con acciones puntuales en ventas al por mayor, principalmente).
“No se trata de desconocer el derecho de los trabajadores, el cual se debe honrar. Se trata de buscar una solución a la iliquidez de las empresas, especialmente a las del sector comercio, que no tienen alternativa para cumplir con el pago el próximo mes”, dijo en su momento Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco.
Puntualmente, Carrasquilla habló de un posible aplazamiento de la prima al decir que “tenemos muy poco tiempo para enfrentar ese problema asociado a la prima de junio y estamos buscando la manera de que haya una medida que permita posponer el pago. De ninguna manera eliminar esa obligación contractual, pero sí ser conscientes de que hay un problema de caja y que es muy importante”.
Varias son las voces que se han levantado en contra del pronunciamiento del ministro Carrasquilla. Las críticas van en dos sentidos, principalmente: la posible vulneración de derechos de los trabajadores, por un lado. Y lo contraproducente que podría ser la medida para lograr una verdadera reactivación económica, por el otro.
Sobre la propuesta, Iván daniel Jaramillo, del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, dice que “carece de diálogo social: en los escenarios en que se ha planteado no ha habido concertacion sobre la misma, lo que le resta legimitidad”. Y agrega: “En realidad, se trata de una medida inconstitucional, si se adoptara, porque va contra el artículo 215 de la Constitución, además del artículo 50 de ley 137 de 1994”.
“No es una idea de reactivación, sino una oportunidad para violar derechos laborales”, opina Mario Valencia, de Cedetrabajo.
La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) aseguró a través de un comunicado que “aplazar el pago de la prima de junio a más de seis millones de trabajadores sería un asalto a los derechos laborales y una violación flagrante a la Constitución y a la ley, si lo hacen mediante decreto legislativo de la declaratoria de emergencia”.
El sindicato agregó que “esta sería una medida absolutamente contraria al interés general de los trabajadores y de la propia posibilidad de reactivación de la economía, puesto que ello afectaría el ya deteriorado consumo de los hogares”.
Las palabras del ministro Carrasquilla se dan tan sólo unos días después de que el Gobierno fijara las fechas para realizar compras sin IVA (en productos seleccionados y por montos específicos). De acuerdo con el presidente Iván Duque, estos días serán el 19 de junio y el 3 y 19 de julio.
Durante el anuncio de esta semana sobre estas compras, el Gobierno incluyó en los tres días sin IVA productos como computadores y celulares, con el fin de facilitar el acceso a este tipo de bienes que permiten el trabajo y la educación a distancia. Finalmente, durante esos tres días no habrá IVA para los insumos agropecuarios. La excención sobre este tributo aplicará para ventas presenciales, así como en comercio electrónico y entregas a domicilio.
“Deprimir la capacidad de consumo afectaría la demanda y comportaría un antecedente muy grave en materia de prohibición de no regresividad de derechos laborales en estados de excepción. También afectaría una prestación social estructurada para hacer partícipes a los trabajadores de las utilidades de la producción como factor de compromiso con el mantenimiento de la productividad”, agrega Jaramillo.
Valencia también argumenta que “las reactivaciones económicas se han con inyección de dinero para estimular el consumo. Lo que propone el ministro es todo lo contrario, así que no existe la más mínima posibilidad de recuperar lo perdido en recursos para los hogares en estos meses de confinamiento. No ayuda ni a los trabajadores ni a los empresarios. Cuando se dé la reapertura y las empresas vuelvan a consumir y a vender, lo que se va a necesitar es que las personas gasten, y la prima es uno de esas fuentes de recursos”.

Reflexiones al tema pensiones

“Ni de fundas” se piensa renegociar la deuda por ahora, dice Minhacienda


El ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, considerá que el gobierno no tiene temor de endeudarse para atender las necesidades de la pandemia por el Covid-19.
Este gobierno no le teme a que su deuda se suba 10 o 15 puntos del PIB. “Luego vemos como se ajusta, pero estamos en una pelea larga y en una pelea en la cual el gobierno está en una actitud cero chichipata (tacaña), por decirlo de alguna manera técnica”, dijo el ministro de Hacienda.

La situación económica actual es “bastante dramática”. Así lo sigue considerando el gobierno del presidente Duque en lo que va de la pandemia de la COVID-19 que ha obligado a las autoridades económicas a efectuar una alta cirugía financiera para atender una economía convaleciente. Sin embargo, el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, considera que al final del año puede presentarse un rebote de la economía luego de tocar fondo y descarta que por ahora se esté pensando en renegociar la deuda pública.
“Tengo la sensación de que tocamos fondo y empezamos a rebotar y por eso nuestra tasa estimada de crecimiento para el año es de -5,5% anual”, dijo.
(Para lectura e información: ¿Es conveniente aplazar la prima de junio?).
Para hacerle frente a la difícil situación fiscal del país, el Gobierno considera contratar mayor deuda en el mercado internacional. “Al Gobierno no le da susto ni le preocupa aumentar la deuda en este momento”, dijo el ministro de Hacienda en un evento organizado por Vali Consultores y la Asociación de Empresas de Servicios Postales (Asopostal).

Según cifras del Banco de la República, a febrero de este año la deuda del país alcanzó los US$139.187 millones, equivalente al 43,7 % del PIB. El año pasado el país terminó con unas obligaciones que equivalen al 42,7 % del PIB, llegando a los US$138,175 millones.
Carrasquilla admitió que el país va a terminar este año con los índices de endeudamiento “más altos de la historia”. Recordó que a comienzos de este siglo “teníamos una deuda del 50 % y en 2008 ya estaba por el lado del 35 % del PIB, que son unos niveles muy razonables”.
El jefe de cartera admitió que la deuda seguramente saltará del actual 50 % a niveles cercanos al 60 %, como proporción del PIB. Esta situación también se presentará por el debilitamiento del PIB, que se espera transite terrenos negativos al finalizar el presente año. Así la deuda sea constante, el indicador de deuda sobre PIB sube porque el denominador crece a un ritmo menor.
En el fente fiscal, el Gobierno considera que los $30 billones que ha gastado para atender las necesidades de la pandemia en lo que considera un 'primer round' se pueden ampliar en la medida en que avance la incertidumbre por el nuevo coronavirus. Son programas temporales que son reversibles, pero que van a ejercer presión sobre el déficit fiscal, permitido por la regla fiscal en 6,1 %, pero que son “altamente inciertos” por ese ese efecto desconocido de la pandemia.
El ministro anticipó que a finales de junio será revelado el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP). Este es un documento que define comportamiento de la actividad económica y fiscal del país. Allí se planteará la forma en que se van a tratar los niveles de endeudamiento que deje la pandemia, que puede resultar muy costoso a largo plazo, indicó.
Para Carrasquilla, los mecanismos de ajuste de esos altos niveles de endeudamiento son, en primer lugar, la austeridad que implica una recomposición del gasto público, luego está el crecimiento económico y el otro mecanismo considerado es la renegociación de la deuda, posibilidad a la que el Gobierno no le cierra completamente la puerta.
“No estoy diciendo que no haya unas renegociaciones razonables, amigables en las cuales se pospongan algunos pagos, eso de pronto más allá en el año 2021 o 2022 se tendrá que poner sobre la mesa. Por ahora, ni de fundas”, dijo el ministro. 
Este gobierno no le teme a que su deuda se suba 10 o 15 puntos del PIB, como se va a elevar, “luego vemos como se ajusta, pero estamos en una pelea larga y en una pelea en la cual el Gobierno está en una actitud cero chichipata (tacaña), por decirlo de alguna manera técnica”, dijo el ministro de Hacienda.
Carrasquilla mencionó que otros de los mecanismos para controlar el nivel de endeudamiento es la inflación y los controles artificiales de las tasas de interés que permitir reducir la deuda en el tiempo. Consideró que en el Marco Fiscal, en preparación, se planteará encaminar el país hacia un crecimiento económico sostenido. Para conseguirlo se necesitará la contribución del sector privado y repensar nuestro papel en las redes de comercio internacional y la estructura tributaria, aseguró.


Reflexiones al tema pensiones

miércoles, 20 de mayo de 2020

Líderes destruyen a Colombia, final

www.cronicadelquindio.com/, MAY 21 2020
Por: Juan José Orrego López

Juan José Orrego López


Sin imaginar lo que generó la vicepresidenta Martha L. Ramírez, con su expresión de “Atenidos” le regaló a Colombia, la oportunidad de ver más fondo esos funcionarios Segregacionistas que saborean inmensos beneficios muy claros de años oculto por los Líderes y La Alta Jerarquía del estado, abriendo esa ventana para conocer aún más esa Desigualdad e Injusticia que hoy vive y sufre la sociedad colombiana, instante que incomoda, por ser señalados como Los Vividores del país o Los Famosos “ATENIDOS”.
Hoy se vive un Resultado Acumulado de años Fruto de Labores Negociadas por esos líderes con Deleites Placenteros para unos, pero Terribles Para Otros, donde la ciudadanía con sus pies firmes en tierra percibió como fueron vilmente utilizados como Borregos Inútiles Para Impulsar a unos Líderes, que salieron Destructores.
Esa historia Democrática que nace después del 91, hoy se frustra otra vez, llenando al país de una gran Desigualdad Social, Económica y Laboral, fruto del pecado de líderes que, por rebuscar intereses políticos, económicos en diferentes sectores productivos, prefirieron generar un abandono incesante al pueblo que ya se vive, pero si formar Privilegios Perpetuos Camuflados para pocos que son los que hoy destruyen las finanzas del país. 
Esta es la Colombia de hoy, lleno de exlíderes o jefes que, en busca de su ego o poder siguen Destruyendo el País, con unos amigos de ellos que inexplicablemente por errores se eligió, unos o muchos, Abusadores del Cargo e irrespetando a nuestra constitución en su delegación, prefiriendo actuar primero para ellos, protegiendo sus dividendos económicos y compromisos políticos, que pensar en la comunidad que los eligió. Ejemplos, sobran.
Presidente, continuar apadrinando Líderes Destructores y la Alta Jerarquía del estado, esos “Atenidos”, con sus múltiples beneficios como los que disfrutará usted con esas prebendas señaladas en la ley de favores pensionales exclusivos en la presidencia que por prudencia y respeto al país, se deben modificar por esas limitaciones económicas que usted las conoce, que de no actuar, se recordará como el creador de ese Trapo Rojo, sinónimo de Hambre y abandono a esa masa de desprotegidos del país.
Colombia es un país lleno de dificultades que lo vienen destruyendo, herencia de líderes politiqueros, lleno de instituciones y funcionarios intocables, mostrando y reflejando grandes diferencias y beneficios que paga el estado, que al observar lo que se vive y la dimensión de lo que vendrá, desempleo e informalidad creciendo, empresarios con futuro incierto, se está dando vía libre a ese Desastre Social Económico que subirá más fuerte, sin saber a qué sótano caeremos.
Llego el momento de tocarnos todos y en todo, pues el soplo de Bonanza de Regalos que hoy se da y se proyecta dar sanamente, se acabará, sin recursos inmediatos, un mundo económico sin rumbo, con daños a las finanzas, Eternizando a los Mismo Atenidos y aplanando más a la población en Colombia, solo queda preguntar: ¿A Quién Tocará o a Quien Protegerá?

Líderes destruyen a Colombia, final




Reflexiones al tema pensiones