jueves, 29 de agosto de 2013

Un fuerte abrazo!..


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NUNCA TE DUERMAS SIN UN SUEÑO,
Ni te levantes sin un motivo,
Tampoco vivas por nadie que no esté dispuesto a vivir por ti,
recuerda que ningún día se parece a otro y que nadie se parece a ti...
que sólo hay una persona capaz de hacerte felíz para toda la vida,
y esa persona eres tú mismo...
SI HAY GENTE QUE QUIERE ENTRAR EN TU VIDA, 
que entre!!!
si hay gente que quiere salir de ella, 
que salga!!!...
pero que " NO SE QUEDEN" en la puerta,
porque molestan a los que quieren entrar
 
TE REGALO TODO ESTO:

UNA TIJERA................... PARA CORTAR LO QUE TE IMPIDA SER FELIZ.
UNA PUERTA ................. PARA ABRIRTE AL AMOR.
UNOS LENTES................ PARA QUE TENGAS UNA MEJOR VISIÓN DE LA VIDA.
UNA ESCOBA ................ PARA QUE LIMPIES LO MALO.
UN OSITO....................... PARA QUE NUNCA ESTÉS SOLA(O).
UN ESPEJO .....................PARA QUE VEAS LO LINDO QUE EXISTE EN TI.
UNA COBIJA ...................PARA CUANDO SIENTAS EL FRÍO DE LA SOLEDAD.
UNA CAJITA.................... PARA QUE GUARDES TODO LO BUENO...
 

PARA TI... UN ABRAZO! ¡ESTA COMENZANDO LA GRAN RUEDA DE LOS ABRAZOS!
 
 
Lo quiero de vuelta, 

Inmediatamente después de la recepción de este mensaje, 
enviar a todas las personas que quieras,
que las extrañes y le desees lo mejor, 
incluida la persona que te lo envió.

-Tu acabas de ser abrazado(a).-
Y eso que apenas ha comenzado la rueda-
Abraza a todos los que tu conoces.-
El Abrazo es la mejor señal de afecto.
Eso puede hacer que para alguien el día brille.
 
 
- Todos precisamos de un abrazo… MUCHOSSSSS ¡ABRAZOS!

FELICIDADES

miércoles, 28 de agosto de 2013

¿La política al servicio de la venganza?

Rodrigo Lara

Por: Rodrigo Lara

Estamos presenciando el comienzo de un período electoral áspero, 

atizado por el deseo de venganza del líder del Centro Democrático,

 el cual no disimula sus ansias  de castigar a Santos por haber 

cometido lo que él y sus congéneres consideran un pecado capital: 

la traición.

A su vez, la izquierda, afanada por no dejar que Uribe ocupe todo el espectro de la oposición, redoblará la contundencia de sus críticas para no desaparecer de los radares. Esta campaña anuncia muchos insultos, sonoras campañas de desprestigio y pocos planteamientos que inviten a los colombianos a soñar con un país mejor. Estamos en el preludio de una campaña política signada por el odio y las pasiones.
En el trascurso de este semestre Uribe se consolidará como el jefe de las bases conservadoras del país. La más recalcitrante derecha cerrará filas alrededor de un candidato reaccionario que promete echar para atrás cualquier redistribución democrática de la tierra mal habida. Con el parapeto de la seguridad en el campo y de la propiedad de buena fe, Uribe pretende mantener un statu quo construido por el narcotráfico y sus diferentes expresiones armadas.
Generalizando los casos particulares y acudiendo a efectistas analogías, afirmando y repitiendo para producir un contagio, ese movimiento manipula los miedos de una población que tiene aún frescos lo recuerdos de los desatinos del Caguán. El uribismo no pretende despertar ningún ideal del cual la ciudadanía pueda prendarse y menos aún incitar una ilusión de cambio: su leitmotiv es explotar los miedos para ponerlos al servicio de sus ambiciones.
El uribismo diseñó un movimiento en el cual democracia significa la anulación de la voluntad y de la iniciativa individual de sus miembros y en donde el deseo del caudillo es el núcleo alrededor del cual se forman las opiniones de sus precandidatos presidenciales. Una estructura en la cual el caudillo se encarga de dirigirlo todo, de centralizar, de monopolizar y de fabricar el discurso.
Idearon una consulta interna con nombre propio, en la que sólo puede ganar el Partido Conservador y su candidato in péctore Luis Alfredo Ramos. Entre tanto, algunos de los agitadores más connotados de la guardia pretoriana uribista se encargan de mantener la ilusión de los demás precandidatos los cuales aún esperan sumisos un gesto del caudillo que les abra con varita mágica las puertas de la Casa de Nariño.
En Senado el juego es claro: Uribe presentará una lista en la que disimulará las maquinarias electorales de siempre detrás de un puñado de figuras frescas hipnotizadas por su apóstol; “las víboras se esconden detrás de las flores”, dijo Dostoievski en El idiota.
El panorama que se avecina es triste y preocupante. Se avizora un firmamento de odios y egoístas pugnas de poder. Sin embargo, estos momentos sombríos también son fértiles para el surgimiento de fuerzas nuevas, ajenas a la enfermiza polarización que propone el uribismo y que constituyan alternativas realmente democráticas. Estamos en mora de hacerlo.

Obras completas de San Agustin

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Los eternos olvidados de la economía y la política

POR: LAREPUBLICA.CO, Miércoles, Agosto 28, 2013

El eterno olvido de la población campesina en las cifras económicas oficiales que ha impedido saber con exactitud, cuántos son y cómo son los campesinos del país, es un reflejo claro de la falta de reconocimiento y de interés que en ellos y en su condición ha tenido el Estado.
Según cálculos del Informe Nacional sobre Desarrollo Humano: El campesinado. Reconocimiento para construir paz, dirigido por el experto en tierras, Absalón Machado, los habitantes del campo estaría conformado por algo más de 7,1 millones de personas, es decir de cada 100 colombianos, 15 son campesinos.
El campesino que ha tenido y sigue teniendo un papel muy dinámico en la producción agropecuaria y de alimentos, es entendido como aquel que vive en el campo y deriva su sustento de labores agrícolas y/o pecuarias (en ciertos casos es propietario de la tierra, en otros es arrendatario) . En su estructura económica predominan los cultivos de café, frijol, maíz, papa, trigo, legumbres, cacao, coco, caña panelera, fique, plátano, yuca, frutales y tabaco.
Su problemática tiene raíces profundas, cuyo origen no se puede amarrar a 20 años atrás con la apertura del mercado. Y esto se evidencia en el hecho de que desde el siglo XIX se han dado varios intentos infructuosos de reformas agrarias, con el fin de darle solución a los problemas de tierra que ha tenido el país. Algunas de las causas de los fracasos de las tres reformas que se hicieron en el siglo XX son su mal diseño, la debilidad institucional y la falta de programas complementarios.
Lo cierto es que la realidad campesina ya no es como la pintó Francisco Antonio Cano en su reconocida obra “Horizontes”. Muestra de ello es que el país es testigo del resurgir de estos jugadores olvidados de la política y la economía nacional a través de una manifestación sin precedentes que hoy completa diez días y que como punto relevante, no tiene a ningún gremio como promotor.
De acuerdo con Luis Alejandro Jiménez, presidente de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos de Colombia, (Anuc), el paro agrario, que tiene como protagonistas a cerca de 30.000 campesinos de siete departamentos, es el resultado de la “prepotencia gubernamental que se traduce en el interés de querer imponer su propia visión por encima de las fundadas propuestas del sector campesino; actitud que se convierte en un detonante o animador de la movilización social agraria que hoy vive el país”.
Y es que los precios de venta de los productores agropecuarios que no obedecen ni siquiera a los costos de producción, se ha convertido en el “gran dolor de cabeza” del campesinado nacional.
Según la Encuesta de Opinión Empresarial Agropecuaria (Eoea), el 26% de los entrevistados considera que los costos de producción son su mayor problema y de ellos 80% recalcó que es debido a los costos de los insumos. Tan solo en el cultivo de café el costo total de la producción que incluye cosecha, fertilización, mano de obra, control de malezas y plagas, asciende a $13,4 millones. En contraste los productores han visto caer significativamente el precio del grano.
Ana María Ibáñez, decana de la facultad de economía de la Universidad de los Andes y PhD en economía agrícola explica que el sector empresarial que se dedica a hacer agroexportaciones tiene unos subsidios muy altos, no el sector campesino. “Es todo lo contrario, el sector campesino vende sus productos dentro del país por lo tanto no exporta y realmente las ayudas que ha recibido del gobierno son mínimas, estas se han concentrado en grandes productores”, dice Ibáñez. Además, la experta resalta que son precisamente los campesinos los que han vivido de cerca las consecuencias del conflicto armado por más de cinco décadas. De allí que para Jiménez, el campesinado tiene razones de sobra para exigir una negociación que lleve a establecer una política pública clara.
Gremios no representan a las bases
El décimo día del paro agrario nacional que cuenta con la participación de cerca de 30.000 productores campesinos y que no tiene el aval de ningún gremio agropecuario, revive el debate sobre la pérdida de representatividad de instituciones gremiales como la Federación Nacional de Cafeteros, Fedepapa, Fedearroz, Fedegan, Fedecacao, entre otras. Para Luis Jiménez, de la Asociación de campesinos Anuc, la razón de fondo es que los gremios económicos representan a los grandes productores, en tanto que los pequeños productores, es decir la economía campesina, no son afiliados.
Los problemas del acceso a la tierra
Según el estudio “Equidad y eficiencia rural en Colombia: una discusión de políticas para el acceso a la tierra”, la distribución de la propiedad rural es altamente inequitativa y la concentración se profundizó entre 2000 y 2011. Además de esta alta concentración, la informalidad es frecuente para los pequeños productores. Según datos de catastro, 44,7% de los propietarios no cuentan con títulos formales de propiedad. El informe revela que dos de cada cinco hogares rurales tienen acceso a tierras con un tamaño promedio de 9,3 hectáreas y una alta dispersión en los tamaños.
Pobreza y violencia, la constante
Los campesinos son una de las poblaciones más discriminadas social y económicamente y unos de los que tienen mayor propensión a ser atrapados por la pobreza, según informes del Pnud. De acuerdo con la Misión para el Empalme de las Series de Empleo, Pobreza y Desigualdad 2009-2011, en 2010 una de cada dos personas que residían en las áreas rurales era pobre. Así mismo, la violencia ha sido una constante para ellos. El conflicto armado, por ejemplo, ha causado el desplazamiento forzoso de casi 3,9 millones de personas que vivían en áreas rurales.
Sindicatos se unen a la movilización
Ayer, en el noveno día del paro nacional agropecuario, la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia (CUT) convocó a los movimientos sindicales a salir a marchar mañana, como “símbolo de apoyo a la movilización campesina”. La CUT le exigió al Gobierno que cumpla lo pactado con los campesinos y el sector educativo, que también se sumará al paro. El presidente Juan Manuel Santos, quien se reunió ayer con dirigentes gremiales del sector agropecuario, dijo que se les incumplió a los campesinos algunos puntos de la agenda acordada previamente.
Las opiniones
Luís Alejandro Jiménez
Presidente de Anuc
“Las movilizaciones tienen razones sobradas para darse en este momento, porque se han ido acumulando situaciones, quejas y críticas que, como todo, tienen un límite”
Alejandro Estévez
Presidente de Fedepapa
“La relación entre los gremios y Gobierno no es de cooperación, sino que los campesinos se sienten como limosneros para desarrollar sus proyectos”.
Ana María Ibáñez
Decana de Economía de la Universidad de los Andes
“El sector empresarial que se dedica a hacer exportaciones tiene unos subsidios muy altos, no el sector campesino. Para los campesinos las ayudas han sido mínimas”.
Absalón Machado
Experto en Tierras
“El hecho de que en Colombia no exista una verdadera tributación en la propiedad rural ha propiciado la concentración de tierras improductivas”.
José Leibovich
Consultor privado
“Es clave que se creen nuevas políticas para el desarrollo del campo y mejoren la asistencia técnica, claro está, sin caer en el asistencialismo”.
Ximena Ramírez Ayala - Andrea Carranza Garzón
mramirez@larepublica.com.co - acarranza@larepublica.com.co

Decidirse, por fin

Cecilia Orozco Tascón

Por: Cecilia Orozco Tascón

El Gobierno cometió uno de sus mayores errores cuando minimizó

la protesta agraria citada para el festivo del 19 de agosto.


Estaba tan ausente que pensó que podía ahogar a los reclamantes con choques policivos. Al hondo conflicto de desbalance social que viene gestándose desde hace muchos años pero que se agravó con la entrada en vigencia de los tratados de libre comercio, solo respondió movilizando escuadrones antidisturbios. En lugar de enviar a sus expertos economistas para que entendieran la dimensión de la catástrofe que le inocularon al campo, mandó policías entrenados en someter a las masas. Probablemente porque empezó a verle estatura de gigante al que creyó enano, el presidente recapacitó y viajó el lunes a Tunja a encontrarse con los indignados boyacenses cuando estos ya estaban al borde de un levantamiento civil. La desatención oficial y dos desafortunadas afirmaciones suyas, con las que parecía evidenciar desprecio por los movimientos populares, hicieron el milagro de unir a esa región en contra de la administración central, incluyendo a los citadinos de los cacerolazos, al arzobispo Luis Augusto Castro, a los alcaldes, los congresistas del departamento y hasta el gobernador. “Boyacá resiste” es el lema que estamparon en una ruana blanca cuya imagen todavía circula de correo en correo.
Y aunque el mandatario hubiera sido capaz de disculparse – en un gesto que, de todas maneras, requiere valor – y de cambiar la estrategia represiva por una de diálogo, una semana y media después el país observa, estupefacto, cómo brotan nuevos bloqueos, concentraciones y demandas.
No obstante, y más allá de esta crisis que esperamos se pueda resolver, la administración Santos se enfrenta a un problema de identidad: o el jefe de Estado se encuentra muy solo en su despacho y nadie, entre sus obsecuentes asesores hace la tarea de descubrirle la realidad, o él, y solo él, no ha podido seleccionar la vía que prefiere tomar y por eso se le siente tan indeciso. Pero las circunstancias lo han puesto contra la pared. Le llegó su última oportunidad, sobre todo si aspira a la reelección, de escoger, sin retórica, cómo quiere que se le recuerde: como un demócrata que firmó la paz y tomó las medidas requeridas para disminuir la injusticia social, o como un represor posuribista que en cada rebelde descubría a un terrorista y en cualquier disidente, a un comunista “clandestino”; como un dirigente que, en verdad, se propuso disminuir la pobreza o como el amigo fiel de sus antiguos patrocinadores que le reclamaban grandes negocios; como el protector de las víctimas a las que devolvió o entregó tierras, o como el gobernante que modificó las leyes para favorecer a los intérpretes “sofisticados” de las mismas. Lo que no debe continuar haciendo, de manera indefinida, es jugar a estar bien con la derecha y, simultáneamente, con la izquierda; con los de arriba y también con los de abajo; con todos los partidos de su unidad, que se detestan entre sí; con sus contradictores del Polo, de dientes para afuera, mientras intenta debilitarlos hacia dentro. Si por fin opta por una ruta política cualquiera que ella sea, se aclarará el panorama político. Después de todo, los colombianos tenemos derecho a saber para dónde va el país, no importa que quien gobierne tenga equivocaciones y aciertos o que estemos de acuerdo con él o no. Precisión en el camino, es lo que pedimos.
Entre paréntesis.- El alcalde Petro sale, de manera oportunista, a decir que fue el primero que advirtió los males que traerían los TLC. Se le olvida que él le pidió al Polo modificar el punto del programa de ese partido que establece la negativa a la libertad absoluta de comercio. Hacia 2007

127 millones de trabajadores informales en Latinoamérica: OIT

elespectador.com, conomía |27 Ago 2013 -

Colombia tiene una tasa alta de informalidad que llega al 56,8 %.

Latinoamérica tiene una tasa de desempleo del 6,4 %, aunque 127 millones de trabajadores, de un total de 267 millones, son informales con Honduras, Perú y Paraguay con los porcentajes más altos, señaló en Lima la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
En una rueda de prensa, la directora regional de la OIT, Elizabeth Tinoco, indicó que la cifra de informales representa el 47,7 % del total de trabajadores latinoamericanos y caribeños, y señaló que en los últimos años se nota una tendencia a la baja.
Tinoco ofreció la rueda de prensa junto al especialista en empleo y políticas de formalización de la OIT, José Chacaltana.
La tasa de desempleo en América Latina y el Caribe ha bajado a 6,4 %, según la OIT, pero, de acuerdo con las estimaciones de la organización, tendrán que pasar unos 50 años para reducir la informalidad a la mitad.
"La informalidad incluye a todas las actividades económicas desarrolladas por trabajadores que en la ley o en la práctica no tienen acuerdos formales", resaltó Tinoco.
Según la funcionaria de la OIT, los trabajadores informales son "excluidos"del crecimiento económico al no contar con un contrato ni con protección social, no pagar impuestos y al no estar amparados por relaciones laborales formales.
"La reducción de la informalidad tiene un impacto directo en la pobreza y en la desigualdad porque a la larga va a permitir la inclusión de los trabajadores que están siendo excluidos del mercado laboral y del crecimiento económico", dijo Tinoco.
Chacaltana mencionó que aunque no se ha establecido un ránking entre los países latinoamericanos con una mayor tasa de informalidad debido a su complejidad, se han identificado a los que se encuentran por encima del promedio: Honduras (70,7 %), Perú (68,8 %), Paraguay (65,8 %), El Salvador (65,7 %), Colombia (56,8 %), México (54,2 %), Ecuador (52,2%) y República Dominica (50 %).
Tinoco indicó a Efe que Nicaragua también debe estar incluido entre los países con mayor informalidad actualmente, pero que no se tienen estadísticas actualizadas al respecto.
En el caso de Perú existen cerca de 12 millones de trabajadores, de los que ocho millones de ellos pertenecen al sector informal, según indicó Chacaltana.
La OIT presentó este martes el programa para la formalización de la informalidad (Forlac) que apoyará a los países en la medición del tema, identificará las estrategias más exitosas, realizará campañas de sensibilización y ofrecerá asistencia técnica para el diseño de políticas nacionales.
Por: EFE

No subestimen a los campesinos

ELTIEMPO.COM, Por: 27 de Agosto del 2013


Cecilia López Montaño

Mientras se elabora una verdadera política para el campo, es fundamental darle una luz de esperanza a una población a la que se le acabó la paciencia.
Es cierto que no se le puede atribuir solo a este Gobierno todo lo que les ha venido sucediendo a los campesinos colombianos durante los últimos 20 años. También es verdad que no solo los gobiernos son responsables de su creciente crisis, porque los líderes de esta sociedad y los ciudadanos urbanos también le han venido dando la espalda a ese campo pobre y rezagado.
Cuando se trató de hacer el Contrato Social Rural, que obligaba a todo el Gobierno a enfocar acciones específicas para mejorar la situación de la población campesina, los gremios de la producción agropecuaria le dieron la espalda a esta iniciativa, que murió por eso y por falta de apoyo político antes de empezar. Aquí todos somos culpables.
Pero, precisamente porque al inicio de la administración Santos se tuvo la percepción de que le había llegado la hora al campo colombiano, este Gobierno sí tiene su cuota de responsabilidad. Cuando se empezó a preparar la ley de desarrollo rural, en todos los tonos, en cuanto foro se dio, se le dijo al Ministro de Agricultura que en ese proyecto de ley, más que una política, había era un compendio de normas, algunas excelentes, otras contradictorias, pero que no era de ninguna manera una clara política para el campo. La claridad absolutamente imprescindible de cómo se manejaría la gran agricultura, la mediana y la realidad de 11 millones de campesinos pobres no aparecía por ninguna parte. Y, ante la confusión, iba a resurgir el fantasma de Carimagua.
Esta alusión enfurecía al señor ministro de entonces, Juan Camilo Restrepo, pero, ante la imposibilidad de que saliera una verdadera política rural, para algunos, y así lo expresamos, surgió la idea de que el Gobierno tenía una política rural implícita, muy parecida a la de la anterior administración. Es decir, que el campo es tan difícil, tan costoso, que solo los grandes empresarios podían desarrollar ese capitalismo que haría rico a Colombia. Nadie lo niega, ¿pero se puede hacer este tipo de política dejando en la pobreza a los campesinos, que nos aportan cerca del 60 por ciento de nuestros alimentos? ¿O es que, como en el modelo Carimagua, la población que sí vive en el campo y en los pequeños municipios debería limitarse a ofrecer una mano de obra barata, como hasta ahora ha sucedido?
Cuando salió la bienvenida ley de víctimas, un éxito que hay que reconocerles al Gobierno y a los parlamentarios que la impulsaron, se repitió con mayor razón el argumento. Ahora que por fin las víctimas, que son en su mayoría campesinos, muchos desplazados, van a ser reparadas, se necesita más que nunca una clara política de desarrollo rural para que realmente vean la posibilidad de volver a ser productivos. Claro que la seguridad es fundamental, pero aun, si se lograra su retorno seguro, lo que no ha pasado, sin unas decisiones específicas sobre bienes públicos rurales, sobre servicios agropecuarios, tecnología, crédito barato y, sobre todo, asociaciones justas con la gran agricultura, esa ley no iba a funcionar adecuadamente.
Excelente que les recompensen las pérdidas a las víctimas, pero sin un apoyo estatal terminarán vendiendo sus tierras y otra contrarreforma agraria vendría. ¿Será que eso es lo que quiere el establecimiento? Esta es la dosis de culpa que le corresponde al gobierno Santos: no haber sido ni claro ni eficiente en su estrategia hacia la población campesina.
Mientras se elabora una verdadera política para el campo, es fundamental darle una luz de esperanza a una población a la que se le acabó la paciencia. Lo de Boyacá, llena de campesinos que dicen públicamente que no aceptan a políticos oportunistas, debe poner a pensar al Gobierno. Puede haber infiltrados, pero a la gente hay que creerle. Se necesita ya una política que parta de no subestimar la importancia de lo que hacen, de lo que dicen nuestros campesinos.