martes, 3 de junio de 2014

La democracia definirá las próximas elecciones

ELTIEMPO.COM,  Por: Fabio Martínez,  2 de junio de 2014


Fabio Martínez

Voto del Polo, de los 'verdes' y los blancos deben inclinarse a favor de la candidatura de Santos.

Desde hace 50 años, Colombia vive una guerra que ha desangrado al país y le ha impedido cualquier posibilidad de desarrollo. La guerra, a la cual nos hemos acostumbrado, ha dejado un país dividido y polarizado. La muestra de esta división se evidenció en los resultados electorales del pasado 25 de mayo al presentarse, por una parte, una candidatura por la paz, encarnada en el presidente Santos, y, por otra, una candidatura por la guerra, comandada por Zuluaga, el alfil del expresidente Uribe.
La lucha entre estas dos candidaturas define a un país polarizado, donde nunca han existido los matices ni los términos medios. Colombia es un país que siempre ha visto las cosas en blanco y negro debido a las infinitas guerras que aquí se han generado por los múltiples actores en conflicto, llámense guerrilla, paramilitares, narcotráfico o bandas criminales.
Podría afirmarse que la confrontación social se refleja en estas dos candidaturas, que representan dos modelos de país distintos: el país que quiere la paz y el país que desea la guerra.
Felizmente, los electores de Santos y Zuluaga no definirán la próxima contienda electoral, sino que serán los candidatos de la izquierda, los ‘verdes’, los blancos y los indecisos quienes tienen el gran compromiso histórico de diseñar el país que queremos.
Por esta razón, me pareció prudente la decisión de la dirigencia del Polo Democrático y del Partido Verde de dejar en libertad a sus electores para que voten el próximo 15 de junio por el candidato que les parezca. Esta libertad hay que comprenderla como una garantía para que estos dos jóvenes partidos democráticos no se diluyan y tengan su debida independencia con los dos partidos tradicionales, que representan tanto Santos como Zuluaga.
Pero, así mismo, esta libertad de voto debe ser responsable; sobre todo porque son ellos los que tienen en sus manos el futuro del país. Entre el partido que lidera Clara López y el que lidera Enrique Peñalosa sumaron el 23,51 por ciento de la votación general; una cifra considerable para la democracia colombiana, en un país de extrema derecha. Los blancos, que se caracterizan por su pureza y castidad, tuvieron una votación del 5,9 por ciento. Sumados estos tres guarismos, tenemos una cifra representativa del 29,41 por ciento.
Esto quiere decir que en este 30 por ciento se juega la democracia del país.
Es por esto por lo que el voto del Polo, de los ‘verdes’ y los blancos deben inclinarse a favor de la candidatura de Santos, quien desde el comienzo de su mandato levantó la bandera de la paz y la reconciliación nacional.
Si gana Santos, el país llegará al final del túnel y a un periodo de paz y progreso. Periodo donde el Polo, los ‘verdes’ y los blancos tendrían excelentes posibilidades para crecer y luchar por un país democrático y pluralista.
Si gana Zuluaga, volverán los grupos armados, la guerra y el oscurantismo, que tanto ha celebrado Uribe.
FABIO MARTÍNEZ

El 70 % del mundo, sin protección social adecuada,..y COLOMBIA QUE ..?

Por: EL TIEMPO, 10:302 de junio de 2014

La protección es indispensable para bajar la pobreza.

En nuestro país, una de cada cinco personas en edad de jubilación tiene pensión.
Siete de cada 10 personas en el mundo no cuentan con una adecuada protección social, asegura el más reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), dado a conocer en Ginebra (Suiza).
La OIT constató que la mayoría de la población no dispone de ese escudo protector precisamente en el momento en que más lo necesitan, como el actual, de bajo crecimiento económico y de incertidumbre sobre el inmediato futuro.
La protección social es una herramienta política fundamental para reducir la pobreza y las desigualdades, señaló la directora general adjunta de Políticas de la OIT, Sandra Polaski.
Pensiones, servicios de salud, asistencia pública, apoyo en el desempleo y a los más vulnerables son aspectos que hacen parte de la protección social; algunos países comienzan a revertir medidas de amparo tomadas al inicio de la crisis de hace seis años.
En el 2000, el gasto social en Colombia era el 7 por ciento del PIB; desde entonces ha crecido cuatro puntos, hasta llegar a cerca del 11 por ciento, según la OIT, menos de la mitad de lo que destina Chile, ligeramente inferior al de Bolivia y casi el doble del de Perú.
En nuestro país, una de cada cinco personas en edad de jubilación tiene pensión, cifra menor que la de México, casi la tercera parte de la de Venezuela y muy lejos de Canadá y EE. UU. pero por encima de República Dominicana, El Salvador y Guatemala.
En América Latina, Colombia es una de las economías donde el gasto en salud que no sale del bolsillo de los hogares es alto.
Según la OIT, hace tres años esa proporción era del 83 por ciento (21 puntos más que en 1995), mientras que era de 77 en Costa Rica, 67 en Jamaica, 63 en Chile y 54 en México, aunque por debajo de Haití y Cuba (95 por ciento en cada uno).
EL TIEMPO

¿Quiénes van a la guerra?

ELESPECTADOR.COM,  AURA LUCÍA MERA 2 JUN 2014 


Aura Lucía Mera
Dedicado al 0,1% que lee columnas de opinión y a mi amiga de la infancia “Cata”.

Impactante la pregunta del presidente candidato Juan Manuel Santos a pocos días de que se defina la segunda vuelta electoral: “¿Usted prestaría su hijo para ir a la guerra?”. La audiencia es de hombres y mujeres de estratos acomodados. Bajan la cabeza como el avestruz o responden de frente: no.
Importante recordar que la guerra que ha desangrado al país durante más de 50 años ha sido la sangría de campesinos contra campesinos. Los estratos socioeconómicos más altos siempre se las han ingeniado para que sus hijos no vayan jamás a combate alguno. Lo máximo, si ya no pueden escaparse, es que “presten servicio” en la Guardia Presidencial.
Nos hemos dado “el lujo” o cometido la más atroz de las barbaries (me inclino por esto último) de hacer la guerra por “madre ajena”.
Imagino dos líneas paralelas: una de ellas está formada por jóvenes adolescentes, con sus mochilas al hombro, caminando hacia el futuro. Otra igual.
Una de las filas la conforman jóvenes mochileros que marchan hacia la universidad, hacia el exterior a continuar sus estudios, al camping de verano o a tomar el avión para conocer otros países.
En la otra fila, jóvenes mochileros vestidos con camuflaje, botas pesadas, y en sus espaldas una carga de varios kilos, suben en silencio en camiones o aviones militares para dirigirse a la selva inhóspita, al páramo gélido, el desierto seco, lo desconocido. En sus pertenencias no van libros de estudio ni pantalonetas de baño ni tablas de surf. Sus corazones laten de ansiedad y temor... Tienen como misión “dar de baja al enemigo”. De ese enemigo no saben nada... Sólo que está conformado por campesinos jóvenes como ellos. Los generales y los altos mandos están más allá del peligro. Los que dan órdenes no pueden morir.
Una tercera línea, paralela, más lejana, la forman más campesinos también camuflados, color selva, palúdicos y sumisos. Porque no conocen otro mundo ni otra alternativa de vida, algunos tildados de “guerrilleros facinerosos” y otros de “paras narcoterroristas” que también tienen la orden perentoria de “acabar con el enemigo”. Los altos mandos, comandantes del Frente o la Columna, tampoco mueren. Ellos dirigen. Y los que dan las órdenes no pueden morir. “Ellos saben que son el enemigo y que tienen que matar como sea al otro enemigo”.
Tal vez jugaron juntos de pequeños o eran vecinos de vereda. Sus padres pudieron compartir los domingos jugando al tejo o brindando con un guaro el último gol... O a lo mejor eran los hijos del cuidandero de la finca o del guachimán de la mansión.
Todas esas filas de jóvenes adolescentes, paralelas, infinitas, caminando hacia el futuro... Para una de las líneas, el futuro está lleno de sol... Las otras dos saben que es sombrío y sangriento.
Unas madres gozan con el triunfo de sus hijos... Las otras se retuercen de angustia y pobreza... Muchos de sus hijos no las encontrarán porque ellas también han tenido que abandonar sus pueblos... ¡Otros porque sus cuerpos flotarán en aguas de ríos grandes!
No más líneas paralelas. Todos somos Colombia. Todos los jóvenes tienen el mismo derecho de vivir en paz. Todos somos hermanos de patria. Todos somos mochileros caminando hacia un futuro de reconciliación.

    Jorge E. Robledo: pifia histórica

    ELESPECTADOR.COM,  CRISTINA DE LA TORRE 2 JUN 2014 


    Cristina de la Torre
    Pueda ser que la historia no tenga que cobrarle un día a Jorge Enrique Robledo su ayuda por omisión a la extrema derecha que se propone frustrar la paz y volver al poder con todos sus fierros.
    Tras mucho forcejeo, el brillante senador consiguió que el Polo no respaldara al candidato de la paz y él invitó a la abstención o al voto en blanco. Es decir, al voto indirecto por Zuluaga. Todo, desde la engañosa defensa de una oposición inmaculada que no transige con ningún candidato de la derecha, llámese Santos o Zuluaga o Uribe, pues todos le parecen “hojas del mismo árbol”.
    Y es engañosa porque transige, desde la izquierda, con la caverna, al favorecer sus posibilidades de triunfo. ¿O es que no calcula que en elección tan reñida los votos del Polo que él controla cuentan? ¿Creerá vender sus principios si respalda la paz por una vez en la persona de su mentor, cuando amenazan derrumbar el proceso de La Habana? Y no todo es coherencia. Ayer se opuso Robledo, con mística de cruzado y al lado del uribismo, a la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. Hoy coloca a su persona por encima del derecho de los colombianos a la paz y a construir un país mejor. Saltar del barco no es acto de heroísmo, apunta Catalina Uribe.
    Esta arrogancia rudimentaria de oposición blanco-o-negro, que no contempla matices ni circunstancias ni abismos, es la menos eficaz y creativa de las que medran en la democracia. Más aun, de la que pueda practicar una izquierda abierta a lo imprevisto, en sintonía con la gente, con vocación de poder y visión de mundo; no resignada a marchitarse en su pureza. Si de virginidad se trata —y si a ésta se le considera virtud—, no hay mérito en la de la doncella que rehúye los avatares del amor. Y la doncella salta a escena cada tanto.
    Hoy el apreciable columnista Esteban Carlos Mejía, exalta al viejo candidato Jaime Piedrahíta por atacar sin tregua al “imperialismo, fase superior del capitalismo” y que en 1978 sacó 27.059 votos. Pero este líder honesto y valiente “nunca se afligió por su magra votación. Era consecuente con sus ideales. Paradigma de oposición”. Piedrahíta tendrá su conciencia tranquila y despertará admiración, una cara compensación existencial. Pero la realidad va por otro lado.
    Toda la nueva izquierda de América Latina superó hace rato esta concepción de oposición. Y llegó al poder. La de Robledo sigue siendo anacronismo de Guerra Fría, como lo es la existencia de guerrillas marxistas en Colombia, y la de su recíproco uribista de la otra orilla, en perorata incesante contra el comunismo que lleva un cuarto de siglo sepultado bajo las piedras del Muro de Berlín. Otra es la búsqueda de Clara López de una nueva izquierda “democrática, moderada, con ganas de llegar al poder”. Su extraordinaria votación respondió, sin duda, a la distancia sideral que tomó ella frente a la ortodoxia del sector que tiraniza a su partido. Se sintonizó con el país y le triplicó la votación a un Polo que había quedado en cuidados intensivos en parlamentarias. Pero ahora le imponían el chantaje de la unidad y el sacrificio de la paz.
    Cuandoquiera que se intentó unidad de la izquierda o formación de un Frente Amplio Democrático, descolló la voz airada de Robledo: convergencia sólo habría por adscripción de todas las fuerzas al partido del senador. Así se malogró —y no sólo por acción suya, valga decirlo— la tercería de izquierda que pintaba como opción real para las elecciones de este año. Ahora renace la idea como Frente Amplio por la Paz, para cerrar la “fábrica de víctimas en Colombia”. Ojalá corrija Robledo su pifia pues, de ganar Zuluaga, no habrá paz ni Frente ni reformas, y el primer perseguido será el parlamentario de marras.

    La “traición” de Santos

    ELESPECTADOR.COM, LUIS I. SANDOVAL M 2 JUN 2014 


    Luis I. Sandoval M
    Santos no traicionó a Uribe, Santos corrigió el rumbo de ocho años de gobierno de Uribe en dos aspectos fundamentales: primero, reconoció el conflicto político armado existente en el país hace varias décadas y, coherente con ese reconocimiento, sin abandonar la ofensiva militar, abrió conversaciones para la terminación de la confrontación con las FARC-EP y todo indica que también trabaja para abrirlas con el ELN.
    Segundo, Santos corrigió a Uribe en lo referente a las relaciones con los vecinos, Ecuador y Venezuela, volviendo a ganar normalidad en ellas, con gran alivio del país y del continente. Uribe las había llevado a un grado de crispación sin precedentes, dominado por la esquizofrenia de que los gobiernos de esos países hermanos eran aliados de las guerrillas colombianas. Santos tuvo el valor de asumir estas posturas desde su posesión el 7 de agosto de 2010.
    La lealtad de un Presidente no es con su predecesor, es con el país y con la Constitución. Los correctivos referidos no son dos pequeñas cosas que puedan naufragar en una lectura economicista de la cual simplistamente se deduce que Santos y Uribe son lo mismo por su adhesión al modelo neoliberal, como machaconamente se repite desdeñando la gravedad del enfrentamiento y la importancia de la paz.
    Una cosa es dejar que avance el neoliberalismo en medio de una guerra depredadora implacable y otra, muy distinta, confrontar modelos en el marco de una democracia real, con actores políticamente empoderados, sin la tragedia de la guerra. Las armas, izquierdistas o derechistas, salen definitivamente de la política, el conflicto social y político civil sigue su curso dialéctico en busca de una nueva síntesis democrática.
    El actual proceso, elevado a la condición de política de Estado, es preciso rodearlo de entusiasmo y participación ciudadana en profundidad. El Presidente tiene en la ola de protesta social civilista, la mayor desde 1975 (Informe Cinep), la oportunidad para confirmar su talante reformista y para demostrar que la paz sí va a significar mejoramiento efectivo en las condiciones de vida de la gente.
    Las víctimas son las primeras en merecer atención, reparación integral y garantía de no repetición. Ante todo hay que lograr que el país en su conjunto deje de ser una “fábrica de víctimas” (Clara López). La terminación del conflicto armado nos pondrá en este camino.
    Colombia vive un proceso de reconfiguración y resignificación del territorio, la región y la provincia. Uribe-Zuluaga tratan de aprovechar esta circunstancia erigiéndose en paladines de la clase emergente apuntalada en las mafias y la violencia. Esa no puede ser la suerte de la provincia. La otra posibilidad de resignificación de la provincia es el pacto con las comunidades, pueblos y etnias  movilizados, con los emprendedores y trabajadores fieles al interés nacional, con los nuevos actores que surgen del proceso de paz.
    El sentido común debe primar sobre la desestructuración de la política. Dado que los dos más grandes conjuntos del espacio alternativo, el Polo Democrático y la Alianza Verde, han dejado a sus integrantes y votantes en libertad para la segunda vuelta presidencial, el turno es para los movimientos sociopolíticos de reciente aparición. Esta primera semana de junio la Marcha Patriótica se encuentra con el Presidente Santos. Puede surgir allí la propuesta que mueva a los indecisos y asegure un bloque de nuevas mayorías hacia un gobierno mixto de transición que viabilice las reformas prioritarias.
    El 15 de junio el país afianzará el camino hacia la paz, la democracia y la vida digna. No está condenado a que llegue Zuluaga al gobierno y Uribe al poder.
    lucho_sando@yahoo.es / @luisisandoval

    lunes, 2 de junio de 2014

    NUEVO COMERCIAL....?

    SIN COMENTARIOS......?

    Foto


    Los nexos con el paramilitarismo del estratega que llevó a Zuluaga a segunda vuelta

    POR: http://www.pulzo.com/

    Esto se une a su pasado bastante cuestionando en su tierra natal, Brasil.
    De  acuerdo con revelaciones de Daniel Coronell en la revista Semana, MPB Marketing Político, compañía del brasileño, está inscrita en la oficina de Michell Pineda Ramírez, que además de haber sido abogado de Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna, también es hijo de un político conservador vinculado con grupos paramilitares.

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    El exitoso estratega “fue procesado por lavado de dólares y evasión de divisas en Brasil”, complementa Coronell, y fue absuelto pese a confesar que para la campaña de Luiz Inácio Lula da Silva recibió 5 millones de dólares de fondos no declarados en un paraíso fiscal de las Bahamas, complementa la revista.
    Los señalamientos a Mendonça ponen en tela de juicio los movimientos de su empresa y podrían sembrar sospechas acerca de sus relaciones con paramilitares. Sin embargo, más allá de las coincidencias y la cuestionada reputación del brasileño, es poco probable que la población uribista le pase cuenta de cobro a Zuluaga en las urnas por tener como estratega a este polémico personaje. Ya se comprobó en primera vuelta que ni las revelaciones del video del ‘hacker’ junto a Zuluaga pudieron cambiar la intención de voto de los seguidores del Centro Democrático, lo que demuestra que el uribismo, en cabeza de su natural líder o de su temporal representante, tiene la capacidad de salir inmune ante los escándalos.  

    Aún así, parece evidente que es necesario complementar la campaña con una efectiva estrategia de marketing político, algo que sabe pagar muy bien el Centro Democrático. A Mendonça, este movimiento político le entregó 2 millones de dólares por los 4 meses de trabajo con Zuluaga y desembolsarán otros 2 millones, en concepto de honorarios, si el 15 de junio el uribismo sale vencedor, según informa el diario La República. Y es que la influencia del estratega brasileño fue tan efectiva en aspectos que van desde la imagen de la Z, que generó recordación entre la gente; la publicidad en televisión, que en el último mes tuvo una inversión de 3.000 millones en el horario prime; y los mensajes de paz sin impunidad que calaron tanto en una parte de la población, complementa el diario.

    El tema del marketing político ha transformado los procesos democráticos en la región, donde priman más los aspectos cosméticos por encima de los contenidos programáticos de los candidatos, de acuerdo con Observatorio Da Imprensa. Así, poco importan los escándalos y la guerra sucia entre aspirantes a un cargo público mientras todo se pueda esconder y vender bien en las estrategias de comunicación.

    Las elecciones están cada vez más cercanas a un proceso de marketing y lejanas de una moral democrática. Hoy se puede ver cómo los magos de la política, como J.J. Rendón y Duda Mendonça, son llamados para aplicar el modelo exitoso de otros países al caso colombiano; comprobando así, que más allá de las ideas de los candidatos o el historial delictivo de esos genios del marketing, lo que importa al final es que el candidato-producto, sea el más votado (comprado). 

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