lunes, 2 de junio de 2014

SERÁ VERDAD.,...TODO FUE A MIS ESPALDAS...?

SERÁ VERDAD...?

Foto: Ay sí claro...

...QUE DE   FUE TODO A SUS ESPALDAS....INCREÍBLE, ...GENIALIDAD.....NADIE SE DABA CUENTA DE NADA.......QUE RARO...PREGUNTO:...Y ELLOS SON LOS QUE NOS QUIEREN GOBERNAR NUEVAMENTE...????

"La guerra es un gran pretexto"

elespectador.com,  Por: Cecilia Orozco Tascón,  31 MAYO 2014 

Gustavo Gallón, director de la respetada Comisión Colombiana de Juristas, analiza la difícil disyuntiva electoral que se presenta, a 15 días de que se sepa si la Presidencia de la República quedará en manos de una colectividad considerada como de extrema derecha o de otra, vista como moderada. Explica también por qué cree que en estas circunstancias, el voto en blanco sería “un suicidio”.

"La guerra es un gran pretexto"“El voto en blanco o la abstención significan, en las actuales circunstancias, una renuncia a oponerse a la reedición del autoritarismo”, dice Gustavo Gallón. / El Espectador
La validez política y ética del voto en blanco cuando se juega la Presidencia entre un candidato que representa una supuesta posición de centro derecha, y otro que es de presunta extrema derecha, ha ocupado la discusión pública. Usted pregunta en su columna  si “será un suicidio  votar en blanco o abstenerse de votar” ¿Por qué?
Porque ni el voto en blanco ni la abstención tienen la capacidad de impedir el triunfo de alguna de las dos candidaturas y es grande la posibilidad de que gane la propuesta cuya principal bandera ha sido la de acabar el proceso de paz de La Habana (así su candidato haya dicho lo contrario en estos días, lo cual no es creíble). Esa propuesta, además, encarna prácticas abiertamente contrarias a los derechos humanos como el espionaje ilegal realizado por el hacker Sepúlveda, el paramilitarismo promovido por  numerosos políticos detenidos y condenados  por ese motivo, y el abuso de poder ejercido por quien no tuvo inconveniente en cambiar la Constitución para hacerse reelegir.
En todo caso, quienes proponen votar en blanco recuerdan que esa es una opción que da la democracia.
Cierto, pero en las actuales circunstancias el voto en blanco o la abstención significan una renuncia a oponerse a la reedición del autoritarismo y un aval para que se aborte la posibilidad de la paz negociada. 
Como usted, otros intelectuales y líderes de opinión han planteado su preocupación ¿A qué se debe que la discusión sobre el voto en blanco haya cobrado tanta importancia en esta segunda vuelta? 
A que no estamos frente a un episodio banal sino ante una encrucijada histórica en la cual pueden producirse dos retrocesos graves: el fracaso de la oportunidad de lograr la solución negociada del conflicto armado y la recuperación de la Presidencia por el uribismo, cuyo autoritarismo, como dije, ya ha sufrido el país. El irrespeto inescrupuloso de los derechos de quien piense distinto y la división beligerante de la sociedad entre quienes estén a favor y quienes estén en contra del caudillo (recuerde el “Estado de opinión”) es el fundamento esencial de la política uribista. Todo lo anterior es muy grave para la vigencia del Estado social de derecho en Colombia, que es precaria.
Disímiles grupos políticos están tomando partido a favor de un candidato a pesar de que no reconocen identidad de programas y criterios con él ¿No implica esta actitud cierta incoherencia ideológica?
Por supuesto que en elecciones hay personas y grupos que están dispuestos a apoyar opciones por conveniencia, sin importarles la coherencia ideológica. Pero no todos actúan así. En las elecciones a dos vueltas se espera que el elector vote, en la primera, por su preferencia ideal y en la segunda, por la opción real, es decir, por la posibilidad más cercana o menos lejana a sus convicciones. Cuando las dos opciones son iguales o indiferentes para el elector, es entendible que se abstenga o que vote en blanco. Pero cuando una de ellas es absolutamente inadmisible, lo racional es votar por la otra, así contenga también elementos con los cuales la o el elector no esté de acuerdo. No hay que olvidar que hay ‘guatemala’ pero también que hay ‘guatepeor’.
Un sector del Polo opina que votar por un candidato de tendencia política diferente, es traicionar la que ha caracterizado a ese partido ¿El voto en blanco o la abstención en ese contexto son correctos éticamente hablando?
Con todo respeto por esa posición, insisto en que lo ético es votar por la opción menos dañina. Eso no significa traicionar nada, puesto que la, o el elector, no pierde por ello sus convicciones sino que adopta una decisión realista. Más aún, adopta una decisión responsable porque, de no tomarla, facilitaría el triunfo de la otra opción. En Francia, la izquierda tuvo que votar en 2002 por Chirac para frenar al ultraderechista Le Pen. Fue una decisión muy difícil, pero hoy nadie habla de traición por haberla tomado, sino que se reconoce que era lo que había que hacer.
Pero entonces termina uno votando, simplemente, en contra de alguien.
No, porque no basta votar para evitar la peor opción. Es necesario seguir trabajando para fortalecer en el futuro la opción propia. Sin embargo, si se deja avanzar la peor de todas por votar en blanco será más difícil, si no imposible, que triunfe la mejor en el futuro. 
El senador Jorge Enrique Robledo ha recibido críticas de varios intelectuales y columnistas que votaron por él, porque escogió abstenerse ¿Qué piensa del debate que enfrenta el congresista líder del Polo?
Primero, déjeme decirle que tengo gran respeto y admiración por el senador Robledo. Segundo, le reitero que desde la perspectiva de derechos humanos, permitir el triunfo del uribismo en estas elecciones significaría no solo retroceder lo poco que se ha avanzado en negociaciones de paz, reconocimiento de las víctimas y respeto por la opinión diferente, sino regresar a los falsos positivos,  favorecimiento a los paramilitares, intento de manejar las altas cortes y  la Fiscalía, persecución de magistrados independientes, opositores políticos, periodistas, defensores de derechos humanos, chuzadas, actitud beligerante frente a países vecinos, red de informantes, soldados campesinos…
Y, si gana la otra candidatura, ¿cree que todos esos problemas se solucionarían?
Si gana la otra opción,  también tendremos que seguir enfrentando políticas contrarias a los derechos humanos: ampliación del fuero militar, ley de seguridad, asesinatos de defensores de derechos humanos y reclamantes de tierras, TLC, “locomotora” minera, promoción del modelo agroindustrial en detrimento de la economía campesina, etc. Pero siempre hay bastante diferencia entre una y otra situación.
¿Cuál? Pregunto porque esa lista que usted acaba de hacer es impresionante contra cualquiera de las candidaturas.
 Una muy importante: en caso de que no gane el uribismo, habría mejores condiciones para reivindicar la adopción y observancia de una política respetuosa de los derechos humanos. 
Dos congresistas recién elegidos por el Centro Democrático lanzaron polémicos trinos. El primero anunció “juicio político criminal contra el ‘expresidente’ Santos” a partir del 7 de agosto. La segunda publicó un mapa de Colombia escribiendo las siguientes palabras encima de las regiones donde ganó Santos: “Bacrim, Farc, Nicaragua, Cuba, Ñoño (Elías), Kiko (Gómez)” ¿Estas manifestaciones son la  expresión de la amenaza- venganza con que llegarían al poder?
Muestran la polarización que se promueve desde ese sector que simplifica y tergiversa los problemas para terminar imponiendo soluciones basadas en la intimidación. Es una forma cavernaria de hacer política, contraria al respeto, al raciocinio y a la búsqueda de la verdad, que implica tener apertura para conceder la razón al contrario. 
En consecuencia con todo lo que ha dicho, y desde el punto de vista de derechos humanos  ¿el país pasa por un periodo crítico, más notorio por la actual elección presidencial?
El país está en una grave crisis de derechos humanos y no ha dejado de estarlo durante el actual gobierno. Más aún, ha habido retrocesos preocupantes como el retiro del Pacto de Bogotá o el desconocimiento de la obligatoriedad que tienen para el país, las decisiones de la Comisión Interamericana. Lo que sucede con esta elección presidencial es que esos retrocesos pueden acentuarse y robustecerse. Pero si se logra un acuerdo de paz, habrá mayor espacio para lograr transformaciones sociales y estatales. Se requerirán muchos esfuerzos para hacerlas realidad, pero será una oportunidad única.  
Usted mismo plantea que el proceso de paz no es el único factor que cuenta en la actual elección puesto que hay otros temas fundamentales ¿Por qué un acuerdo con las guerrillas estaría por encima de los demás asuntos?
He planteado que sería miope ignorar la relación entre la salud, la educación, el empleo y otros derechos, de un lado, y la profunda inequidad social existente en Colombia, del otro. Esta inequidad, a su vez, se apuntala en la guerra: bajo su óptica, se le pone contención a las luchas sociales libradas por diversos sectores de la población civil, que son considerados enemigos militares. Con esta reflexión no he hecho más que retomar el diagnóstico sobre la crisis de derechos humanos en Colombia efectuado por la Alta Comisionada de Naciones Unidas (ver parte superior de la pág.). Circunscribir el debate de la segunda vuelta a la educación o el empleo, aislándolo del agudo problema de la inequidad social y de la necesidad de superar la mentalidad contrainsurgente es, sencillamente, abrirle paso a la continuación de la guerra.
Y resaltó, también, en el marco de la actual elección,  “la inequidad social” ¿Por qué la relaciona?
Después de Haití, Colombia es el país más inequitativo del continente. Los recursos para superar la inequidad los absorbe prioritariamente la guerra porque, entre otras razones, no ha habido interés real de la dirigencia en superarla pues, a fin de cuentas, como muchos de los sectores vulnerables son vistos como potenciales insurgentes, la conclusión es, en términos generales y con notables excepciones, que no hay que darles mucha educación ni brindarles condiciones dignas de vida o mucha posibilidad de ascenso social porque de pronto cambian el orden establecido si llegan a ser autónomos. Mejor mantenerlos subordinados, con algunos programas asistenciales, e incluso comprándoles el voto en las elecciones.
Entonces, insisto: si esas condiciones persisten en las dos campañas electorales, no veo la diferencia entre la una y la otra, y no creo que la paz sea posible.  
Y yo también le insisto en que sí hay una: la guerra es un gran pretexto para no invertir recursos suficientes en programas de superación de la inequidad. La negociación de un acuerdo de paz  en ciernes constituye una oportunidad histórica de poner esa lógica patas arriba y de sentar las bases para construir una sociedad más igualitaria.
La explosiva “mentalidad contrainsurgente”
Usted recordó en su columna sobre la elección presidencial, la frase de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU cuando afirma que “otro problema grave es la mentalidad contrainsurgente que impregna al Estado y a la sociedad colombiana” ¿A qué se refiere ella?
Desde la segunda posguerra mundial, las instituciones y las prácticas políticas colombianas han estado basadas, en gran medida, en la doctrina de la seguridad nacional. Según esa concepción, el mundo estaría dividido entre dos fuerzas antagónicas: el comunismo oriental y el capitalismo occidental, que estarían enfrentadas a muerte para lograr el predominio de la una sobre la otra. En adopción de esa doctrina, las protestas sociales son vistas como expresión de la guerra intercontinental, y los activistas han sido considerados agentes de la fuerza antagónica. Aplicada esa óptica en un país con conflicto armado como Colombia, el resultado ha sido explosivo. No solo los organismos oficiales de seguridad deberían combatir militarmente a los disidentes, sino que la población civil tenía que involucrarse en el conflicto creando grupos paramilitares para matar  ciudadanos que eran vistos como apoyo - real o presunto -  de la guerrilla. En la actual elección se define si hay espacio para un acuerdo de paz o si se reduce a la continuación de la mentalidad de guerra.
Debate por el voto en blanco del Polo
Una polémica intelectual se generó cuando el Polo anunció su decisión de no apoyar al candidato Santos, a pesar de no compartir con él sus proyectos políticos y económicos. El debate consiste en que frente a una opción de ultraderecha como la que representaÓscar Iván Zuluaga, la izquierda tendría la responsabilidad de no contribuir con su abstencionismo o con su voto en blanco, a que el extremismo llegue al poder. Al respecto, el senador Jorge Enrique Robledo, recordó que no presionó “a mis electores para que me respaldaran”. Y a continuación señaló que “nadie debe violentar a nadie para obligarlo a votar por cualquiera o a votar en blanco o a no votar. El voto respetable tiene que ser libre”. Las frases del senador no fueron bien recibidas por los críticos por considerarlas desafiantes con sus votantes. Gustavo Gallón, director de la Comisión Colombiana de Juristas comentó: “estoy de acuerdo con que el voto tiene que ser libre y nadie debe violentar a nadie por su voto. No está mal, entonces, que el Polo y la Alianza Verde hayan dejado en libertad a sus partidarios. No obstante, teniendo en cuenta que ambas fuerzas apoyan el proceso de paz  y que son contrarias al autoritarismo populista, sería deseable que sus electores no votaran en blanco ni se abstuvieran, lo cual simplemente favorecería al uribismo”. 

domingo, 1 de junio de 2014

Santos anunció decreto garantizar seguridad social a taxistas .aportes a Salud

ELTIEMPO.COM, | 31 de mayo de 2014


El Presidente-candidato dijo que serán cobijados con los sistemas de protección social.

El presidente Juan Manuel Santos anunció que el miércoles firmará el decreto para garantizarle la seguridad social al gremio de los taxistas.
Dijo que a partir de ese día, tendrán la oportunidad de cotizar a los sistemas de pensiones y de salud. "Eso es política social, eso es inversión social", dijo el mandatario en el Valle del Cauca.
Santos, quien realizó este sábado un recorrido de campaña por el Valle del Cauca, también anunció que se propone bajar la contribución obligatoria que los jubilados realizan al sistema de salud.

Trabajo en línea, independiente, una opción para mirar

ELTIEMPO.COM, ECONOMÍA Y NEGOCIOS, 30 de mayo de 2014

Una red logra poner en contacto a quienes buscan empleo de esta forma y empresas que los requieren.

Trabajar por contratos de corto o mediano plazo y teletrabajar son las dos modalidades del empleo independiente de hoy, que cada vez se está consolidando y convirtiendo en tendencia.
Así lo manifiesta Sebastián Syseles, director de la plataforma freelancer.com, una red global que conecta a pequeñas y medianas empresas (pymes) con personas que buscan empleo.
El temor a la inestabilidad laboral es el principal obstáculo para que las personas le pierdan el miedo a esta forma de trabajar. Aun así, la red de Syseles cuenta con 10,5 millones de freelancers, que aspiran a ser parte de uno de los 5,5 millones de proyectos publicados en la plataforma, los cuales, por lo general, demandan más de un empleado por proyecto. “El total de estos proyectos es 1.500 millones de euros (alrededor de 3,7 billones de pesos)”.
Según Syseles, hay 65.000 trabajadores colombianos ligados a esta red. “En un proyecto que no demanda una labor de más de 2 días, un empleado puede ganar 200 dólares (380.000 pesos).
“Las personas pueden trabajar desde su casa, y los estudios demuestran que optimizan más el tiempo, pues lo que hacen en 8 horas en una oficina lo logran concluir en 5 en el hogar. Además, lo que viene en el mercado laboral es un balance entre la vida profesional y la personal”.
Para el experto, trabajo independiente no es sinónimo de informalidad. “El teletrabajo, por ejemplo, entendido como la adopción de tecnologías por parte de las empresas, para que los empleados de planta permanentes trabajen uno, dos, tres días de desde el hogar, es formal y es ventajoso para ambos”.
Con el trabajo independiente, las opciones para el empleado se amplían. “El que contrata no discrimina, pues no sabe si es hombre, mujer, blanco o negro. Se contrata por capacidades. Si el contratado responde con profesionalismo, no le faltará el trabajo, ya sea por contratos cortos o por proyectos”.
¿Cómo cobrar?
Como hay diversidad de empleos, no hay una guía numérica para cobrar, sino parámetros. Según Lance Talent, “hay que basar el precio en la calidad del servicio, y no en la cantidad”.
El precio del trabajo debe cubrir los gastos por hacer el trabajo, más un beneficio. Es necesario estimar el esfuerzo que demandará la labor antes de negociar la tarifa.
“Más trabajo debe ser igual a más paga. Si el cliente agrega una tarea, el precio debe subir”.
ECONOMÍA Y NEGOCIOS

Hablando claro...

ELESPECTADOR.COM,  RAMIRO BEJARANO GUZMÁN 31 MAYO 2014

Ramiro Bejarano Guzmán


El Centro Demoniaco supone que el apretado triunfo en la primera vuelta purgó sus delitos contra la democracia.
Fácil resulta imaginar lo que sería el futuro si en verdad este país incurriera en la insensatez de llevar de nuevo a la Casa de Nari a los resentidos que aspiran a regresar inclusive acudiendo a medios lícitos.
A los protagonistas del escándalo del hacker Sepúlveda se les olvida que tienen pendientes varias jornadas con la Fiscalía. A juzgar por las recientes declaraciones del arrogante ex “asesor espiritual” Luis Alfonso Hoyos, cualquiera pensaría que las acusaciones en su contra son un juego de niños, y no el gravísimo prontuario de crímenes que lo acosarán por muchos años. Lo mismo puede decirse de las imágenes del Zorro cantando victoria con su familia el domingo anterior, entre las cuales resulta retadora la presencia de su hijo, el joven David, correo entre el hacker Sepúlveda y su padre, quien está en mora de dar explicaciones sobre su conducta y de que lo llame la Fiscalía a interrogatorio. Eso explica que Óscar Iván, en medio de la algarabía de sus seguidores, amenazara a los medios sugiriéndoles que sólo informen sobre sus cambiantes propuestas de campaña, pues prefiere que se ignoren las evidencias judiciales que lo comprometen.
Pero no son los únicos alebrestados con la victoria precaria de hace ocho días. En el uribismo tienen la cabeza caliente y el corazón envenenado. Basta ver los trinos amenazantes de José Obdulio pidiendo enjuiciar penalmente a Santos el 7 de agosto, o los de la inculta y sectaria María Fernanda Cabal, estigmatizando las regiones donde perdió su candidato o llamando “comunistas ateos” a quienes no comulgan con su credo intolerante. La primordial consigna del Zorro y los suyos es ponerse a salvo de la justicia, como lo intentaron durante la seguridad democrática, en nombre de la cual se perpetraron delitos que siguen impunes.
Los uribistas, además de que tienen experiencia en los gajes de la impunidad, cuentan con el apoyo del procurador Ordóñez, el otro bastión de la tenaza siniestra del laureano-uribismo. Las campañas políticas no deberían permitir que la procuradora María Eugenia Carreño —la misma que enterró sin justificación una investigación por corrupción en el Consejo de Estado que involucra a su jefe— asista a sus reuniones, según su anuncio de los últimos días. ¿A título de qué la Procuraduría tiene que vigilar las campañas, si allá el único funcionario público que podría ser investigado es el presidente Santos, al cual las fauces del procurador no podrán morder jamás porque a él lo juzga la Comisión de Acusaciones? Se quedó el uribista procurador con los crespos hechos, porque, como era de esperarse, el mentiroso de Uribe primero acusó a Santos de recibir dineros del narcotráfico, para luego, bajo la gravedad del juramento, negar que tenga pruebas de semejante calumnia.
En el entretanto, Zuluaga es capaz de todo con tal de conseguir apoyos. Dijo que suspendería los diálogos de La Habana, pero cuando Marta Lucía Ramírez se le sumó con otros goditos —a propósito quedó en su salsa el paracaidista Carlos Holmes posando con la godarria que optó por Zuluaga—, suavizó su rudeza con las Farc, al extremo de que hoy se rumora que está dispuesto a restablecer una especie de Caguán para darle contentillo al excomisionado Camilo Gómez y a su nueva jefa de debate. Pero Óscar Iván está mintiendo porque a las 3:15 p.m. del 7 de agosto sepultaría irresponsablemente el proceso de paz, para cumplirle al patrón.
A quienes se lavan las manos dizque dejando en libertad a sus correligionarios de votar por quien quieran en la segunda vuelta, no entendieron que ser neutral ahora es tomar partido por la violencia y la revancha que encarnan el cada vez más provocador y menos provocativo Óscar Iván y sus peligrosos muchachos.
Adenda. El magistrado saliente Nilson Pinilla revela que en las cortes hay roscas, clientelismo y traición. Tiene razón. La solución sigue siendo la revocatoria de todas esas corporaciones. ¿Qué más tiene que pasar? Entre otras, ¿cuál es el acuerdo entre Francisco Javier Ricaurte, Pedro Munar y otras yerbas con el uribismo?

    Editorial:...Un buen propósito...

    elespectador.com, EDITORIAL 31 MAYO 2014 


    Este podrá ser un comentario dedicado por completo a los giros y las volteretas del candidato Óscar Iván Zuluaga esta semana frente al proceso de paz que se discute en La Habana: que no lo quiere como está y que lo suspendería, de asumir la Presidencia, para reevaluarlo, dijo en un principio.
    Tras llegar a un acuerdo para la segunda vuelta con la excandidata Marta Lucía Ramírez, dijo que tal vez sí, que mejor seguir la negociación. Luego, 24 horas después, volvió a lo mismo: no, no y no.
    Pero resulta mucho más provechoso centrarnos en el propósito de este proceso de paz en curso. Porque la firma de un acuerdo en el papel no es lo que está en juego. Ni siquiera la infinita discusión de si darle a un jefe cinco o siete años de cárcel o si va a poder participar en política o no. Bastante tiempo y paciencia se nos han ido en ese debate, al cual ni le ha llegado su momento en la mesa ni es algo que se pueda decidir por fuera del acuerdo íntegro. Depende de lo que se pretenda conseguir, y cómo, el nivel de la concesión de la sociedad para su retorno a la civilidad. Elemental.
    Algo sí dejó la “voltereta”, sin embargo, y es la claridad de que este proceso ha entrado en un punto de no retorno. Que se trata de una gran oportunidad, real, para conseguir lo que la Constitución manda y dicta: la paz, un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. Pero por sobre todo que, como se ha diseñado y negociado, la paz no llegará con la firma de un acuerdo sino con la implementación de lo acordado, que es, ni más ni menos, la transformación del país que el conflicto ha impedido en 50 años, y más, de guerra casi permanente. De eso se trata. Y por eso mismo, desde ya —y sin soslayar que aún falta mucho camino, que los puntos que restan son los más difíciles, que todo podría terminar en otra frustración—, debe comenzar la tarea de prepararse para el día siguiente a la eventual firma de ese acuerdo.
    Con ese propósito, esta semana estuvieron en Colombia expertos internacionales en el estudio tanto de la implementación de acuerdos de paz en el mundo como, en particular, de procesos de participación de las comunidades, para comenzar a diseñar eso que el alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo, ha llamado la “paz territorial”, espíritu central de la negociación.
    La verdadera paz está ahí, en esos procesos de participación definidos desde las regiones, pero articulados por el Estado. Un plan de paz que se piense imponer desde el centro sin tener en cuenta las realidades regionales es un llamado a la desconfianza, a la prevención y, por ende, al fracaso. Pero, a la vez, una participación desfasada de un plan nacional sería un camino de dispersión. Son, claro, muchas las preguntas fundamentales para el diseño de ese plan: ¿Quién tiene la representatividad local? ¿Cómo se integrarían las Farc en el proceso? ¿Cómo garantizar la seguridad de quienes asuman el liderazgo? ¿Cómo evitar la frustración de una participación sin decisiones o, peor, sin ejecución? Y muchas más. Pero esto va en serio. Es la puerta abierta. Acaso la única posible.
    Hablaba uno de estos expertos de la importancia de los “diálogos improbables”, esos entre quienes no tienen puntos de acuerdo. Cuánto bien le harían a este proceso, hoy y ahora, unos cuantos de esos “diálogos improbables”. De cara a la decisión que los ciudadanos tienen en sus manos dentro de dos semanas, nos parece urgente que los negociadores de parte del Estado se puedan sentar con la mitad del país representada por Óscar Iván Zuluaga para que se sepa y entienda cuál es el fondo de todo este asunto. Ese sería un paso significativo para poner la discusión donde debe estar y para que podamos seguir soñando que, entre todos, podremos llegar al país en paz que esta ciudadanía vulnerada una y mil veces se merece. Sin volteretas en el vacío.

    Por qué Uribe no puede con la paz

    semana.com, 31 mayo 2014, Por María Jimena Duzán



    Por qué Uribe no puede con la paz.

    OPINIÓNLa tercera razón tiene que ver con una frase de Frederik de Klerk, el líder de derecha sudafricano que negoció el fin del ‘Apartheid’: “hay que dejar de odiar para conseguir la paz”.

    Ni el expresidente Uribe ni su candidato pueden hacer la paz en Colombia. Y esa incapacidad no se la han impuesto sus enemigos, sino ellos mismos.


    La primera razón para esa incapacidad tiene que ver con el hecho de que el uribismo es a la paz lo que la religión es al sexo. Lastimosamente, son incompatibles, por naturaleza. El uribismo se ha dedicado en esto últimos 12 años a reclutar adeptos sobre la base de que la única negociación posible con las FARC es la rendición de esa guerrilla y considera que cualquier paz negociada es una entrega al terrorismo, al castrochavismo y al comunismo ateo, como lo dijo en un trino la congresista del CD, Maria Fernanda Cabal, el día del triunfo de Zuluaga en la primera vuelta. 

    La oposición a ese proceso ha sido la fuente de su fuerza política y sus adeptos  están tan bien reclutados que se hicieron los de la vista gorda cuando el uribismo pasó de oponerse al proceso a sabotearlo. Les importó un comino que la campaña de su candidato  hubiera contratado los servicios de un hacker que compraba ilegalmente información de Inteligencia sobre las intimidades de los diálogos, con el propósito de que la campaña de Zuluaga pudiera saber con antelación lo que se venía y neutralizar cualquier avance en el proceso, cosa que ha ido sucediendo sin que el país se ruborice: Uribe supo de la tregua unilateral decretada por las FARC antes de que la guerrilla la anunciara y filtró las coordenadas del helicóptero de la Cruz Roja que transportaba a Pablo Catatumbo  hacia La Habana, filtración hecha no precisamente para facilitar su llegada a la isla. 
      
    Cambiar el fundamento sobre el cual el uribismo ha edificado su credo político diez días antes de la segunda vuelta,  para salir a decir que si ganan ya no van a acabar el proceso de paz como lo dijeron hace cuatro meses, ni lo van a suspender, como lo dijeron hace una semana, sino que lo van a mantener porque ahora quieren lo que siempre han detestado que es “una paz negociada”, es una voltereta mortal que puede quebrar la espina dorsal al uribismo.  

    La segunda razón, es más de forma pero igualmente infranqueable. El uribismo no cambió su posición por convicción sino que fue un acto de desesperación dirigido a ganar las elecciones. Saben que si quieren triunfar necesitan correrse al centro derecha. Y han demostrado que para conquistar esos votos están dispuestos a disfrazar al zorro con piel de oveja, como bien lo vaticinó Mauricio Cabrera. Su objetivo es tranquilizar a muchos colombianos de clase media, a empresarios medianos y grandes que fueron la base de su fuerza política hace unos años, pero que hoy están asustados (y no les falta razón), ante la posibilidad de que un triunfo de este Uribe radical y pendenciero, signifique no solo un recrudecimiento de la guerra interna sino la reactivación del conflicto con Venezuela, que podría eventualmente desencadenar una guerra. 

    Sin embargo, cuando el uribismo actúa desprovisto de su furia y deja de manipular nuestros temores, no resulta muy convincente. En esta ocasión se han servido de la decencia de Marta Lucía Ramírez, quien de nuevo vuelve a prestarse para lavarle la cara al uribismo a pesar de que fue Uribe quien la echó del Ministerio de Defensa y por la puerta de atrás. En esa ocasión, Marta Lucía tan altiva para unas cosas, permitió que Uribe le impusiera de asesor al tenebroso José Miguel Narváez, el subdirector del DAS que está preso, acusado de ser el para-ideólogo de las AUC y quien instigó a Castaño para que asesinara a Jaime Garzón y secuestrara a Piedad Córdoba. Esa vez la callaron. Y me temo que en este cuento, el zorro con piel de oveja también va a terminar tapándole la boca a Caperucita. 

    La tercera razón es probablemente la más difícil de remontar y tiene que ver con una frase que pronunció Frederik de Klerk, el líder sudafricano de derecha que firmó con Mandela los acuerdos que le pusieron fin al Apartheid. “Hay que dejar de odiar para conseguir la paz”, dijo. Ese requisito lo está cumpliendo  Santos de manera progresiva desde que decidió abrir esa compuerta de la paz. En cambio, el uribismo sigue empeñado en fundamentar su acción política en el odio y en la venganza. Y un jefe que mueve a su tribu, utilizando el odio como combustible para incendiar las almas, no puede conseguir la paz.  

    La última razón es que no veo a las FARC sentándose a la mesa con Uribe ni con su candidato. No lo hicieron cuando los buscó insistentemente durante su mandato, –historia que Uribe insiste en negar–, menos lo van a hacer ahora cuando está cegado por la sed de venganza. Solo agregaría esta impresión que me han dejado los frecuentes viajes que he hecho a La Habana a cubrir el proceso de paz: que a diferencia de lo que pasa con el uribismo, he visto cómo las FARC también han empezado a dejar de odiar para pensar en la paz.