domingo, 24 de marzo de 2013

Megaempresas financieras públicas


ELESPECTADOR.COM, Armando Montenegro

La reforma a la salud propone la creación de una megaempresa: Salud Mía, un organismo gigantesco, encargado de recaudar los aportes de millones de colombianos y realizar pagos de procedimientos y servicios por todo el país. Con una ambición parecida, hace unos años se creó Colpensiones, con tantos o mayores desafíos, y que, según algunos proyectos, ahora se apresta para ofrecer cuentas, depósitos y una multitud de complejos servicios financieros a todos los colombianos.

Para cumplir con sus responsabilidades, además de personal de óptimo nivel, estas empresas requieren de sofisticadísimos sistemas y equipos, todo lo cual es difícil que se obtenga, en forma estable, bajo la tutela de los ministerios de Salud y Trabajo, dos entidades débiles, tradicionalmente manejadas en forma primitiva, con gran influencia de la politiquería. Las crisis que hoy se tratan de resolver con Colpensiones y Salud Mía fueron causadas, en buena medida, por la injerencia de este tipo de factores. El manejo del Fosyga, la Superintendencia de Salud y gran parte de los recursos subsidiados de la salud estuvo, por muchos años, permeado por caciques políticos, en algunos casos bajo la influencia de paramilitares y otros personajes del bajo mundo.

Los ministerios de Salud y Trabajo están hoy en buenas manos, lo mismo que Colpensiones. Pero, apenas se superen los afanes del presente, es posible que vuelvan a ser dirigidos por personas con escaso entendimiento sobre la complejidad financiera de la salud y las pensiones. Y, si el futuro se debe parecer al pasado, la suerte de Colpensiones y Salud Mía será oscura. Existe el riesgo de que caigan en manos clientelistas, con vasos comunicantes con la peor política regional y los peores apetitos monetarios. Con alta probabilidad habrá corrupción, desorden y poca sofisticación técnica y humana. Las historias clínicas, los requisitos para pensionarse y otros datos vitales serán mercancías cuyo precio se fijará en el ámbito del delito.

Estas entidades financieras deberían depender del Ministerio de Hacienda, un organismo más o menos tecnificado, relativamente resguardado del clientelismo y la politiquería. Se debe exigir una elevada formación y una probada experiencia a los funcionarios de Salud Mía y Colpensiones. Su remuneración debe ser parecida a la de los ejecutivos de categoría semejante en el sector financiero privado. Los ministros de Trabajo y Salud y un grupo de profesionales expertos en la financiación de la salud y las pensiones deberían hacer parte de sus juntas directivas.

La creación de estas megaempresas financieras, con capacidad de recaudar y pagar millones de servicios en todo el país, que deben utilizar masivamente las redes de pagos del sector bancario, debería complementarse con la creación de un sistema único de cuentas personales para las familias de los colombianos de estratos bajos, a través de las cuales también se puedan realizar todos los pagos y aportes de los distintos subsidios y transferencias que realiza el Estado (entre ellos, Familias en Acción). Este sistema de cuentas, subsidiado por el Estado, podría permitir que se lleven a cabo otras actividades, como las devoluciones de impuestos, el registro cuidadoso de los aportes sociales y el control minucioso de los gastos de distintas agencias del Estado en favor de las familias más pobres

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