domingo, 26 de abril de 2020

Covid-19: ¿Qué tanta plata destina Colombia respecto a sus vecinos?


www.eltiempo.com/, 26 de abril 2020
Por: Ricardo Ávila - Analista Sénior EL TIEMPO

 Impuesto por el coronavirus
 Al mirar una muestra de 14 países de la zona que mide el tamaño de los paquetes de ayuda anunciados, se observa que tan solo superamos a México, Barbados, Venezuela y Ecuador. Foto: iStock

Análisis sobre la proporción de recursos que asigna Colombia a mitigar impactos de la pandemia.

El anuncio llegó el viernes desde la Casa Rosada en Buenos Aires. Tras días de especulaciones, varios integrantes del gabinete de Alberto Fernández informaron que el Estado argentino pagará parte del sueldo de las empresas que tengan hasta 800 empleados.

La medida, que cobija a más de 1,6 millones de personas, fue descrita como la primera tanda de apoyos orientados a aminorar el impacto sobre los asalariados de la pandemia asociada al coronavirus.

Ese ejemplo es tan solo el más reciente de las determinaciones adoptadas en la mayoría de las capitales de América Latina. En la medida de sus posibilidades, los gobiernos de la región están en proceso de ‘raspar la olla’ con el fin de buscar recursos para mitigar los efectos económicos y sociales que ha dejado la propagación de la covid-19.

Tal como en otros continentes, se trata de evitar que el confinamiento obligatorio causado por la emergencia sanitaria degenere en males profundos adicionales y aún más duraderos. Cruzarse de brazos en cualquier país lleva a un solo desenlace: quiebra de incontables negocios, saltos en las cifras de desempleo y deterioro en la calidad de vida de una elevada proporción de hogares.

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Unos más, otros menos
En respuesta, la mayoría de las democracias occidentales desplegó un verdadero arsenal de recursos, a partir de mediados de febrero. Este comprende préstamos estatales y garantías de crédito para las firmas privadas, subsidios a las nóminas, aplazamiento de pago de impuestos, congelamiento de obligaciones con la seguridad social y giros directos a los ciudadanos.
Para solo citar un caso, EE. UU. se encamina a un déficit fiscal que equivaldría al 15 % de su producto interno bruto este año
Aunque la cuenta cambia todos los días, el cálculo es que los diferentes compromisos asumidos oscilan entre ocho y diez billones de dólares a lo largo y ancho del planeta. Las más audaces son las naciones desarrolladas en donde la prudencia de otros tiempos quedó atrás.

Para solo citar un caso, Estados Unidos se encamina a un déficit fiscal que equivaldría al 15 por ciento de su producto interno bruto este año, un desfase que en otras circunstancias habría sido considerado como un enorme factor de inestabilidad.

Tras un primer paquete, vienen más fondos federales, algo que parece indispensable ante la revelación de que 26 millones de norteamericanos han perdido su trabajo en las últimas cinco semanas.

Por su parte, los países latinoamericanos hacen lo que pueden. Según Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, los diferentes gobiernos “han implementado medidas inmediatas para contener el virus, proteger la fuerza laboral y los ingresos del hogar”.

Para la cabeza de la entidad adscrita a las Naciones Unidas, se vienen “comprometiendo recursos que van del 0,6 al 12 por ciento del PIB”.

Como salta a la vista, el tamaño del esfuerzo varía de un lugar a otro. La razón de fondo es que la región venía de una época difícil, pues las tasas de crecimiento se desplomaron a partir de 2014. 

La caída en los precios de los bienes primarios puso en aprietos a aquellos que gastaron a manos llenas en la época de las vacas gordas. Un ejemplo de ello es Ecuador, cuya realidad era muy compleja desde hace un par de años y que fracasó en su intento de poner orden en la casa debido al rechazo popular a los propósitos de austeridad.

Cuando llegó el azote de la pandemia, el margen de maniobra en las arcas públicas era casi nulo, lo cual sin duda tuvo que ver en la lenta respuesta de las instituciones ante la emergencia.

No es aventurado afirmar que la tragedia de Guayaquil –en donde todo indica que el número real de fallecidos es de varios millares– habría tenido un curso distinto en circunstancias de mayor holgura.

Los que tienen con qué
La otra cara de la moneda la presentan aquellos que hicieron como en la fábula de la cigarra y la hormiga, al ahorrar parte de lo que les llegó en el momento de la bonanza.

Ese es el caso de Perú y Chile, que no han escatimado acciones para contener la avalancha económica y social. Ambas naciones no solo mostraban un nivel de deuda pública bajo, sino un manejo relativamente prudente de sus cuentas.

Los peruanos son los más audaces, pues el plan esbozado para hacerle frente al impacto de la covid-19 equivale a una octava parte del producto interno. La estrategia comprende tres etapas, y para cada una habría una cantidad cercana a los nueve mil millones de dólares.

La fase inicial incluye un bono universal que es de unos 800.000 pesos colombianos por familia. Además, hay un subsidio del 35 por ciento en las nóminas, junto con el fortalecimiento de la salud. En cuanto a créditos para las empresas, el esquema de garantías estatales oscila entre 80 y 98 por ciento, dependiendo de la destinación.

En lo que atañe a los chilenos, el programa equivale al siete por ciento del tamaño de su economía. Aunque aquí también había reservas, el compromiso es notorio porque se suma a las obligaciones asumidas el año pasado cuando las protestas callejeras sacudieron a la nación austral.

Las herramientas son del mismo corte visto en otros lados. Aparte de subsidios para los trabajadores informarles, hay un plan de protección del empleo que garantiza al menos el 75 por ciento del salario para aquellos que están en nómina. En total, el monto para ingresos laborales llega al equivalente de 2.000 millones de dólares.

Asimismo, habrá préstamos para el sector privado, al igual que la postergación de diversos compromisos, que van desde impuestos hasta contribuciones a la seguridad social. Un propósito específico consiste en acelerar los pagos a proveedores del Estado con el fin de inyectar más liquidez, entre otras políticas.

Junto a esos dos casos destacables, hay unos cuantos más que vale la pena mencionar. El paquete fiscal uruguayo se acerca al seis por ciento de su PIB, mientras que el de Brasil supera el cuatro por ciento. Paraguay, Trinidad y Tobago o la propia Argentina no están muy atrás de esas proporciones.
Colombia aparece bastante atrás en la tabla. Los compromisos asumidos hasta la fecha llegan a alrededor del 1,7 % del producto interno 
¿Todo lo que se puede?
En comparación, Colombia aparece bastante atrás en la tabla. De acuerdo con mediciones internacionales, los compromisos asumidos hasta la fecha llegan a alrededor del 1,7 por ciento del producto interno.

Al mirar una muestra de 14 países de la zona que mide el tamaño de los paquetes de ayuda anunciados, se observa que tan solo superamos a México, Barbados, Venezuela y Ecuador.

El motivo de que eso sea así parte de una situación de estrechez. Aunque el déficit fiscal este año podría llegar al seis por ciento de nuestro PIB, no contamos con el mismo espacio que algunos de nuestros vecinos, entre otras razones porque el peso de la deuda existente es mayor.

Para colmo de males, la recesión prevista en la economía colombiana se va a sentir en los recaudos. Al hablar ante la plenaria de la Cámara esta semana, el ministro de Hacienda señaló que los ingresos de la tesorería pueden caer en más de un 10 por ciento en 2020, frente a una meta original de 158 billones de pesos.

Cuando se hacen sumas y restas, la conclusión es que el margen de maniobra actual es muy poco. Hasta la fecha, el Gobierno ha destinado unos 15 billones de pesos a la emergencia, de los cuales la mitad tiene como destino la salud, algo más de cuatro billones se destinaron a la población vulnerable y 3,25 billones más sirvieron para capitalizar el Fondo de Garantías, que a su vez respalda los créditos que les otorguen los bancos a las empresas hasta en un 90 por ciento.

Si esas obligaciones no se pagan, habría una contingencia cuantiosa para la Nación. De ahí que el esfuerzo colombiano podría ascender al 4,5 por ciento del PIB.
En paralelo, las fuentes de recursos adicionales llegan a casi 29 billones de pesos, pero no todo se va a destinar a la emergencia. Un dolor de cabeza constante es mantener la liquidez gubernamental, sobre todo después de que algunos cobros se aplazaron.

La ampliación de la cuarentena, que vino acompañada de la promesa presidencial de darles un nuevo estipendio a las familias más pobres, demandará un giro adicional.

Tal como están las cosas, la viabilidad de asumir parte de las nóminas o de girarles a millones de colombianos un bono cercano a un salario mínimo que supla sus necesidades durante uno o varios meses es mínima.

Sin embargo, son cada vez más los especialistas que piensan que hay que ir más allá, comenzando por tocar la puerta de las entidades multilaterales.
Hace falta más, poner toda la carne en el asador, porque si no se salva a las empresas y personas más vulnerables, nos va a salir más doloroso todo hacia adelante
Entre las opciones que se mencionan está la posibilidad de que al menos parte de la línea de crédito flexible de casi 11.000 millones de dólares que nos renovaría el Fondo Monetario Internacional se le desembolse al Banco de la República para que este a su vez se la preste al Gobierno. Aunque la idea está planteada, quienes saben del asunto dicen que ni siquiera hay conversaciones preliminares al respecto.

El peligro es que la reacción sea tardía, cuando los daños resulten irreparables. Para Daniel Velandia, de Credicorp Capital, “hace falta más, poner toda la carne en el asador, porque si no se salva a las empresas y personas más vulnerables, nos va a salir más doloroso todo hacia adelante”.

Mauricio Santamaría, de Anif, considera que “el Gobierno debe dar subsidios directos” que en algunos casos pueden incluir “créditos de muy largo plazo, parcialmente condonables”. Y agrega: “Aunque es cierto que el espacio fiscal ahora es complicado, incrementar el déficit no debe ser una preocupación. La preocupación debe ser conseguir la liquidez y dársela a las empresas, con la consciencia siempre de que esto igual tocará pagarlo en el futuro”.

Lo anterior depende de la velocidad con la cual diferentes actividades puedan volver a operar en el territorio nacional, así sea con un ritmo reducido. Reconociendo que la evolución de los contagios y las muertes en Colombia está lejos de lo que mostraban los modelos antes de que se impusieran las restricciones actuales, la emergencia está lejos de superarse.

Por lo tanto, el desafío es identificar un punto razonable entre los extremos que hablan de una cuarentena de más de un año hasta que aparezca una vacuna, o de volver a la realidad de antes del 1.º de marzo.

De un lado, seguir con la parálisis actual haría desaparecer más de diez millones de empleos con consecuencias devastadoras sobre un vasto segmento de la población. Del otro, abrir las compuertas de par en par y olvidar las precauciones relativas al distanciamiento, amenaza con dejar una larga estela de muertes.

Debido a ello, no hay salida diferente a la de trazar una senda, con fechas de apertura y protocolos de bioseguridad exigibles según el sector. Marcela Eslava, profesora de la Universidad de los Andes, habla de la necesidad de una estrategia creíble que les permita a los dueños de cientos de miles de negocios saber a qué atenerse.

Aun así, advierte que “el levantamiento de las restricciones necesita estar atado a la disponibilidad de infraestructura médica consistente con que la sociedad –y la economía– sean funcionales, lo cual pasa, entre otras, por más pruebas masivas”.

Mirar hacia adelante pasa por aceptar que la capacidad de poner en marcha estrategias de mitigación en materia económica y social no es ilimitada. Incluso si Colombia decide hacer más ahora y acercarse a los promedios de gasto que se ven en América Latina, es imposible hacer permanentes los subsidios temporales y menos con una economía en recesión.

De hecho, la mayor justificación para asumir directa o indirectamente el costo de las nóminas o impedir que un buen número de empresas se vayan ahora a la quiebra es la convicción de que en el segundo semestre encontraremos la forma de convivir con el coronavirus.

Si ese no es el caso, los sacrificios inmediatos habrán sido en vano, pues simplemente servirían para aplazar lo inevitable: la depresión económica y la propagación de la pandemia.


RICARDO ÁVILA
ANALISTA SÉNIOR
@ravilapinto




Reflexiones al tema pensiones


Regla fiscal no es modelar plastilina

elnuevosiglo.com.co, Abril 26, 2020 -
pOR: Juan Camilo Restrepo




Estamos empezando a ver -ante la emergencia de la crisis del coronavirus- una manera de presentar las cuentas fiscales que puede tornarse contraproducente, a pesar de la mejor buena voluntad con que se les maneje. Inclusive puede volverse en contra de la misma credibilidad de las cifras.


Veamos con un poco de perspectiva lo que ha venido sucediendo en las últimas semanas.

Cuando estalla la pandemia la primera reacción del Ministerio de Hacienda fue anunciar que la inesperada situación podría manejarse sin necesidad de recurrir a nuevos endeudamientos. Es decir, que las cosas podrían seguir transcurriendo dentro de las aguas tranquilas de un déficit público que no excediera el 2,2% del PIB.

Pocos días después se declara la emergencia económica, y mediante el famoso decreto 444 de 2020 se arbitran unos recursos para atender los primeros fogonazos fiscales de la emergencia (cerca de 14 billones de pesos). Esto se hizo a través de una operación interna consistente en que el Gobierno central tomaba prestados a los municipios y departamentos recursos que éstos tenían ahorrados en sus cuentas de estabilización del fondo de regalías y del fondo pensional.

Esta operación (que, recuérdese, está aún sujeta a revisión por la Corte Constitucional) fue un ingenioso mecanismo que se ideó de afán el Ministerio de Hacienda para financiar más gasto público sin aumentar el déficit. Y comenzar así a atender los primeros gastos públicos que demandaba la pandemia.

La extraña figura que ideó en el decreto 444 del 2020 no perece ser, a primera vista, en un incremento del endeudamiento público. El Gobierno central cambia un recurso líquido por un pagaré que le extiende a las territoriales. Y éstas, a su turno, canjean un recurso liquido como son las reservas pensiónales y de estabilización del fondo de regalías por un pagaré a cargo del Gobierno central. Formalmente parece ser una operación fiscal neutra, con la cual se financia más gasto público a través de un cruce de cuentas al interior de la contabilidad agregada del Estado.
El decreto 444 lograba entonces la maravillosa alquimia de arbitrar recursos para financiar más gasto público sin incrementar el déficit.

Pero rápidamente los hechos desbordaron la alquimia. Se convocó de urgencia a la comisión asesora de la regla fiscal la cual, utilizando la flexibilidad que permite la ley 1473 de 2011 amplía el déficit fiscal autorizado del 2,2% al 4,9%, lo que le permite al Gobierno endeudarse en 27 billones adicionales sin quebrantar la sacrosanta regla fiscal.

Pero este cupo adicional de $ 27 billones ya parece también estar comprometido y desbordado. El ex ministro Mauricio Cárdenas escribió, por ejemplo, en El Tiempo del 18 de abril lo siguiente: “Para tener un orden de magnitud, el mayor déficit fiscal autorizado será de 27 billones de pesos, según lo preliminarmente comunicado por el comité de la regla fiscal. De este monto se tendrán que pagar gastos adicionales para la salud (que ya van en 7 billones de pesos), las transferencias a la población en condiciones de pobreza y vulnerabilidad (5 billones de pesos) y la capitalización del Fondo de Garantías (3,2 billones).Si a esto se le suma la pérdida de ingresos tributarios- que la misma Dian estima en 20 billones-, podemos afirmar que ya no queda espacio fiscal disponible. Por el contrario, el gobierno necesitará una segunda sentada del comité para subir el cupo en varios billones de pesos y poder acomodar lo ya comprometido”. Tal como lo advirtieron algunos miembros del comité por lo demás.

La regla fiscal es útil y genera credibilidad en los mercados si ella se le percibe como un ancla sólidamente afianzada al lecho de las aguas tormentosas por las que estamos navegando. Pero si se convierte en una simple boya que va flotando y acomodándose a las cambiantes necesidades del gasto público, pierde su razón de ser.

Y es que faltan muchísimos gastos por contabilizar en esta emergencia. Para no ir muy lejos: todos aquellos que habrá que realizar para recuperar la economía y generar más empleo en un verdadero plan Marshall criollo luego de la postración general en que va a dejarnos el coronavirus

Los países de la Unión Europea, en vez de estar cambiando las restricciones legales del déficit a medida que van saliendo noticias sobre la gravedad de la crisis, optaron por algo más sabio: pusieron en el congelador sus reglas fiscales hasta cuando se llegue a aguas más tranquilas. ¿No deberíamos hacer lo mismo, en vez de estar cambiando cada nada los porcentajes de los déficit autorizados?

La regla fiscal no puede convertirse en un modelaje de plastilina. Pues en tal caso pierde lo que le es más importante: su credibilidad.




Reflexiones al tema pensiones

¡La pandemia de la corrupción!

www.cronicadelquindio.com/, ABR 26 2020

Por: Monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez


Monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez


La humanidad ha sido golpeada este año 2020 con el coronavirus y mientras tanto, la comunidad científica se apresta a la búsqueda para obtener la vacuna de esta pandemia que amenaza para quedarse un tiempo más prolongado. Pero, hay un pecado social, que ha tocado a las puertas de nuestra vida, adormeciendo el alma, destruyendo relaciones y afianzando la brecha entre ricos y pobres: la corrupción, tan antigua como la humanidad misma. 
Ya en tiempos de Jesús, después de su resurrección, los sumos sacerdotes, “dieron mucho dinero a los soldados para que dijeran: ‘los discípulos de Jesús vinieron de noche y se lo robaron mientras nosotros dormíamos” —Mt 28, 13—. 
Por su parte, Judas Iscariote, discípulo de Jesús, vendió su conciencia al mejor postor, por 30 monedas de plata. Cambió la lealtad por dinero, se dejó enceguecer por la codicia y la ambición y finalmente, no soportó el remordimiento y la culpa. Su ahorcamiento se produjo en medio de la desesperanza y la pérdida del sentido de la vida. Había dejado de respirar junto al Dios de la vida y prefirió la toxicidad del oxígeno de la corrupción.
La corrupción en el mundo ha pervertido muchos corazones, nos ha llevado a un verdadero confinamiento social, a un aislamiento obligatorio que deja a su paso, olor a muerte, escombros, podredumbre y que transgrede la ley. Los depredadores del erario sacrifican las vidas de sus familias, ponen en riesgo de contagio a sus más cercanos colaboradores con tal de ascender, pisotean los derechos humanos en la búsqueda de alcanzar sus sueños políticos, muy lejos de los nobles ideales de la justicia, la equidad y la paz. ¿Cómo se puede dormir tranquilo ante la infamia de los corruptos, el cinismo de los politiqueros de oficio y la insensatez de quienes se roban el dinero de los pobres, de los más desfavorecidos y son capaces de jugar con la salud, la inocencia de los niños, la debilidad de los ancianos y la buena voluntad de los ciudadanos que pagan impuestos?
La corrupción daña corazones, afea el rostro de los seres humanos y endurece el corazón. De ahí que la indiferencia y la insensibilidad sean primas hermanas de la corrupción. 
En tiempos de pandemia, la corrupción se ha disparado como un misil de largo alcance, cuyos daños colaterales son incalculables, con un radio de acción que tiene unos efectos devastadores. Podríamos preguntar: ¿La corrupción es parte de esta pandemia? O mejor, ¿la corrupción es una nueva pandemia? Me inclino a pensar en esta segunda idea, empezó por ser un mal que en muchas sociedades causó un impacto social devastador, pero poco a poco, los seres humanos aprendimos a vivir en medio de la corrupción, se volvió el pan de cada día, tocando las diversas esferas de nuestra vida.
Un virus, que se esparce por el mundo y es llamado ‘Corrupción-20’, no apareció este año. El problema de este virus es que se expande con rapidez y el contagio es desgarrador, pues se convierte en un arma letal. Infecta a las empresas, organizaciones, líderes, organismos internacionales, instituciones, agremiaciones, voluntariados, personas naturales, incluso a la misma Iglesia. Este virus se expande con rapidez, impregna la vida de los seres humanos: coimas debajo de la mesa, prebendas, comisiones, compra y venta de conciencias, etc.  
Es un virus, que se esparce por el aire y de persona a persona y, aunque existen miles de laboratorios en el mundo con experiencias de transparencia, urnas de cristal, veedurías, contralorías, procuradurías, la vacuna no ha sido fácil encontrarla, al contrario la ‘vacuna’ se convirtió en parte de la corrupción, pues si se trata de prebendas o de silencios pagados, qué mejor que una vacuna. La cura resultó más compleja que la enfermedad. Ahora habrá que buscar una vacuna para la vacuna. 
La corrupción ya es una pandemia, que se ha esparcido por los 5 continentes. A diferencia de la COVID-19, esta no produce tos, fiebre alta, dolor en los huesos, dolor en la garganta; los síntomas son: la mentira, juego de poderes, ansiedad, apatía, intriga, insensibilidad e indiferencia. Pero muy parecido a la COVID-19, porque es asintomático, aunque la persona se está destruyendo por dentro y está destruyendo a sus seres amados. 

Y mientras los corruptos siguen haciendo fiesta con los recursos que acrecientan su codicia, los pobres y la pobreza siguen creciendo a pasos agigantados, dejando entrever que esta pandemia de la corrupción solo puede ser superada, a partir de la renovación de unas estructuras de poder, que ayuden a recuperar la confianza en la institucionalidad y a superar los niveles de pobreza, en favor de la justicia social, la equidad y la paz.

Reflexiones al tema pensiones

miércoles, 22 de abril de 2020

Pandemia y trapos rojos

www.cronicadelquindio.com/, ABR 23 2020
Por: Juan José Orrego López

Juan José Orrego López

Creada la famosa ley 100, donde actúan dentro de ellas como socios, dueños, empresarios o asesores dirigentes de la clase política, es incomprensible que siendo representantes de una comunidad, exista esa orfandad ya conocida en los hospitales públicos con su falta de equipos y esa desprotección laboral de los trabajadores, dando razón a esa critica que siempre se percibía, esa lucha de ellos por tener al mando los hospitales como cuota burocrática al servicio de  los partidos..

Cosas de la vida y es increíble comprender, laborando en instituciones públicas, sin protección social, remuneraciones inicuas, atendiendo humanamente a pesar de sus fatigas, con posibilidades de contagiarse, hoy ya muchos de ellos en silencio, vienen colgando imaginariamente en forma oculta esos Trapos Rojos en sus ventanas, ya conocidos como Signo Del Hambre, que al traspasar y revisar las protecciones en otras entidades públicas amparados de todo sin angustias Ni Trapos Rojos colgados,  esos seres humanos olvidados al servicio del estado en los hospitales, no olvidemos, que podrán ser protectores y salvadores de usted y su familia. Aplausos y bendiciones para ellos, pues mi Dios nos permitió contar con ellos a pesar de esas injusticias.

Qué dolor podrán sentir esos congresistas cuando aprobaron la ley 100, en el lugar donde se encuentren protegiéndose con su familia, casas o fincas temerosos de cualquier contagio, sin colgar los Trapos Rojos, del daño que le han hecho a la salud?

Aunque se encuentren protegidos, sin colgar Trapos Rojos, millones de colombianos piden al gobierno y congreso, rectificar o corregir esos errores o negocios a la salud (ley 100) que, con su visión de políticos y negociantes intacta, hagan algo por el bien del país.   

Es tan amplio el desespero y ceguera en unos dirigentes, que, notando esas reacciones fuertes de rechazo al congreso, Trapos Rojos colgados en varias partes de Colombia, para no sentirse culpables de esos daños sociales y empresariales, prefieren evadir esa tormenta con proyectos populistas que llamen la atención.

Hasta el corazón más sordo y ciego, hoy vemos y se muestra lo que nunca o pocas veces se valoraba ni mucho menos se sentía, El Hambre. Esa misma Solidaridad y comprensión, es la que requiere Colombia. Esto no para mañana, todos pidiendo, El Estado Aportando y Otros Robando, una crisis económica creciendo sin saber hasta cuándo, es el momento que el Gobierno mire más en su interior, corrija, rectifique o llame a otra emergencia Fiscal o Tributaria, revise y elimine gastos históricos injustos y evite que a Futuro Se Estalle La Nación por culpa de pocos y no se invada Colombia de Trapos Rojos colgadas en sus ventanas como símbolo del hambre e incompetencia estatal y política de nuestros dirigentes.






Reflexiones al tema pensiones

Cinco formas en las que el coronavirus cambiará el mundo

www.semana.com/, 4/18/2020


Coronavirus en el mundo: los cambios que dejará para siempre
Cinco formas en las que el coronavirus cambiará el mundo 
Foto: JORGE RESTREPO


Desde la manera de saludar hasta cómo estudiar cambiarán por un buen tiempo debido a la pandemia. Según los expertos, estas son las más radicales.

Filósofos e historiadores coinciden en que el coronavirus dejará cambios en la vida de las personas. Argumentan que las decisiones que en tiempos normales toman años de debate, durante las crisis tardan solo horas. “Todas las emergencias aceleran procesos que ya venían en marcha”, explica Yuval Noah Harari, autor del best seller Sapiens: de animales a dioses. El politólogo Robert Kaplan coincide al decir que las “crisis, como las guerras, ponen la historia a avanzar más rápido”. Ambos creen que la curva de contagio no solo se aplanará, sino que el virus se volverá endémico y la humanidad sobrevivirá. Pero cuando la amenaza termine la sociedad no será igual. Al menos en estos cinco aspectos la vida cotidiana se verá alterada.

1. El efectivo

En medio de la cuarentena muchos han dejado de usar los billetes y las monedas sin darse cuenta. Esto obedece a que hoy las personas usan más los canales digitales y hacen la mayoría de transacciones por aplicaciones por internet o mediante tarjetas. Pero también se debe al miedo, pues el virus sobrevive en las superficies por mucho tiempo y algunos incluyen el papel moneda. De esta manera, el uso del efectivo ha disminuido a la mitad. Antes de la pandemia, las predicciones mostraban que para 2028 menos de uno en diez pagos se haría en efectivo, pero el virus hará que esa fecha se acerque.


En países como Colombia buena parte de la población no está bancarizada, y aunque lo esté algunos por costumbre prefieren la manera tradicional de pagar. Según Andrés Vásquez, de Nequi (una app de Bancolombia), esa presión por el efectivo seguirá porque “la economía informal no quiere pasar el dinero a los bancos por temores infundados”. Sin embargo, cree que la pandemia generará cambios de comportamiento porque muchas personas encontrarán otras maneras de hacer las cosas. De hecho ya se ha visto un cambio: “En Nequi teníamos una rata de 100.000 clientes mensuales y en marzo aumentó a 220.000, el doble de lo que vinculábamos”.

2. La intimidad


Algunos filósofos han dicho que hoy la población del mundo está dispuesta a entregar su privacidad a cambio de seguridad. Ya lo vieron en China, donde el Gobierno aprovechó los celulares de los ciudadanos para controlar cualquier movimiento durante su larga cuarentena. Otros han seguido el ejemplo no solo con celulares sino también con manillas digitales para monitorear sus pasos y su estado de salud, su temperatura y cambios fisiológicos.

En Colombia está disponible CoronApp para monitorear el estado de salud de los ciudadanos. De esta manera, podrán controlar a quienes podrían requerir aislamiento, reactivar la economía con la población sana y evitar que la pandemia siga progresando. Apple y Google se unieron para hacer un tamizaje digital de pacientes que incluye datos como los síntomas, los viajes recientes y las enfermedades del usuario. Microsoft y otras firmas de tecnología recogen información similar en unión con gobiernos y hospitales. “Hay casos en que no usar la información privada es difícil de defender, y este es uno de ellos”, dice Michelle Mello, una profesora de Derecho de la Universidad de Stanford.


Para Roberto Baquero, presidente del Colegio Colombiano de Medicina, vigilar los movimientos podría crear una intrusión en la intimidad, pero admite que hacerlo es importante en estos momentos. “Hay un componente personal muy grande de responsabilidad para ayudar a disminuir la expansión de la epidemia”. El temor es que esta información sea mal usada. En Corea ya se observa que los datos de los infectados salen a la luz en Facebook y estas personas son ridiculizadas o acusadas por tener el virus.

3. El trabajo en casa

El coronavirus forzó a muchos a trabajar desde el hogar. Microsoft registró un incre- mento de 2,7 mil millones de minutos en reuniones en un solo día, más de 200 por ciento de la cifra normal. La demanda por su suite Teams subió en el mundo de 32 millones de usuarios activos a 44 millones. Algo similar ha sucedido con Zoom, una aplicación para conectarse virtualmente que ha tenido descargas récord en tiempos de coronavirus. Eso no será algo temporal. Según Víctor Solano, experto en tecnología, eso está enseñando a muchos que el modelo del teletrabajo es posible en ciertos casos y sectores económicos. “Muchas empresas evaluarán el costo-beneficio de este modelo y para muchas será mejor este o algún modelo mixto”, dice.


El teletrabajo tiene ventajas como mayor productividad por la ausencia de desplazamientos, menores costos en oficinas y el fin del fenómeno de calentar la silla. Para algunos ha sido un modelo ideal, aunque otros que tienen hijos sienten que las jornadas en casa son extenuantes. Algunos de ellos querrán regresar a la normalidad, pues la verdad es que en medio de una economía de pandemia “se trabaja con más presión y en espacios compartidos con hijos y parejas”, señala Solano. Otros no querrán volver a su oficina.

4. El colegio

La Universidad de los Andes fue de las primeras en llevar las clases presenciales a una plataforma virtual. A muchos no les gustó el cambio, pero el rector de la institución, Alejandro Gaviria, dijo que “la vida tiene que continuar”. También anunció que abandonaría la calificación por escala numérica. Los colegios cerraron y aquellos que pudieron seguir sus clases a distancia lo hicieron. Según Enrique Dans, investigador en sistemas de tecnología, estos cambios pueden ser malos para algunos, en especial si las herramientas no permiten una interacción flexible entre alumnos y profesores o si la expectativa es la clase cara a cara. “Pero si al usar tecnologías más avanzadas como Zoom, GoToMeeting, Webex, Google Classroom o similares, pueden llegar a superar la clase presencial”.


Para él la crisis pondrá a prueba otros programas virtuales que usan las universidades para cursos on-line. “El formato de foro, con conferencias vía video interactivo, es muy bueno”, dice, pues el alumno participa cuando quiera y usa el tiempo necesario para organizar sus ideas. “El resultado son discusiones más profundas y mayores oportunidades de aprender”. Para otros, el virus llega en medio de una crisis educativa que podría servir para reducir costos y democratizarla más. Lo cierto es que, como dice Dans, “la educación cambiará después de este virus y es esencial que las instituciones aceleren la velocidad de ese cambio”.

5. La vida social

Con el coronavirus la gente cambió, en primer lugar, la manera de saludarse. En lugar de dar la mano, inventó otras estrategias como tocarse con los codos o hacer una señal con las manos, como en India. Además, ya quedó establecido que debe haber una distancia de al menos dos metros entre dos individuos, un reto para pueblos acostumbrados a la cercanía. En China los restaurantes solo permiten un comensal por mesa o los ubican en cubículos separados por un vidrio. Un estudio de Sheryl Hamilton, de Carleton University, en Ottawa, argumenta que la sociedad está desarrollando una cultura de pandemia, una obsesión por la limpieza, la desinfección y la fobia a encontrarse con otros, que cambió el comportamiento en público. “Vivimos preocupados por las superficies que tocamos, pues podrían contener el microbio”, dice la experta.


El psicólogo Miguel de Zubiría asegura que las consecuencias psicológicas son y serán críticas. “Elevará los ya altos índices de soledad y en personas con trastornos depresivos, ansiosos o suicidas los incrementará porque las interacciones son fuente vital”.

La pandemia cambiará también los funerales. Esto ha sido la prueba más dura porque hoy los entierros se realizan de manera virtual, y los pocos que pueden asistir deben permanecer varios metros separados, lo cual resulta difícil para los deudos, pues necesitan más que nunca del contacto de sus allegados.



Reflexiones al tema pensiones






martes, 21 de abril de 2020

El naufragio de la clase media

revistazetta.com/,
Por: Juan Carlos Gossaín R


Gossain Rognini, un italiano Gobernador de Bolívar

La gran mayoría de colombianos tenemos un crédito de consumo, hipotecario, de vivienda o préstamo de vehículo. Debemos a los bancos el pago de las tarjetas de crédito, y muchos más tienen otras modalidades de deuda especializada como por ejemplo el leasing.

A la dramática realidad financiera que viven los estratos intermedios de la sociedad, hay que agregarles el peso de la carga fiscal: IVA, Retefuentes, Sobretasas, Prediales, Industria y Comercio, Parafiscales, rodamiento, impuesto al patrimonio y 4xmil, para sólo destacar los de doloroso uso común.
Todas las personas que en Colombia están sujetas a obligaciones fiscales y financieras, también pagan servicios públicos, matrículas escolares o universitarias y cobertura de salud. Muchos son los que asumen una nómina mensual de al menos uno o dos empleados.
‪La crisis epidemiológica ha venido a desmontar finalmente el mito de que en los estratos altos “todos” son ricos. Una percepción pugnazmente cultivada por  ideólogos sectarios y populistas, enfrascados en sostener la diferencia de clases para obtener réditos políticos.
La cruda realidad, ajena a demagogias y por más irritación que pueda provocar, es que las comodidades de las que gozan algunos sectores sociales en Colombia derivan del excedente de los ingresos que mensualmente producen. Siendo el problema ahora, que no hay ni ingresos ni excedentes.
Son estos colombianos, que dicho sea de paso, también subsidian de diversas formas a sus compatriotas con menos posibilidades económicas, los que menor atención han merecido por parte de los tecnócratas sin barro ni espuelas que hoy regentan el país desde el gobierno.
Justas y necesarias han sido las medidas adoptadas para garantizar la sobrevivencia a la población de menores recursos, especialmente con el suministro de alimentos, pero no serán estas medidas por si solas, las que garanticen la sostenibilidad de la economía. Hace falta más fondo.
Sin entrar en mayores sobre la ineficaz operatividad de muchas de las medidas anunciadas en decretos inocuos, se podría resumir todo lo actuado señalando que ha sido más eficaz la apariencia que la consistencia.
El gobierno en todas sus esferas, nacional y regional, ha procurado con persistencia que los pobres no se alebresten en medio de la crisis, ignorando lo que cíclicamente la historia ha contado, que serán estos mismos pobres los que irán por sus cabezas después de la crisis.
Son muchas las voces de gentes pensantes que han anticipado lo que puede ocurrir. Para infortunio de ellos y de nosotros, ninguno cuenta con caja de resonancia suficiente para que el sonido de las alarmas se escuche entre tanto ruido de asesores defendiendo la imagen de los que les pagan.
Las medidas del gobierno, todas abstractamente dirigidas desde la nación al pueblo colombiano, no van a producir estabilidad económica. 

El asistencialismo per se, no produce desarrollo, solo aguanta temporalmente la insurrección y las revueltas.
Y en eso sí que tiene razón el gobierno, sabe perfectamente que los pequeños comerciantes, los microempresarios, el dueño de un restaurante o una ferretería, la señora que vende postres y los socios de una firma de arquitectos, esos no salen a tirar piedra. Ellos solamente se quiebran.
¿Qué hará entonces a futuro el gobierno para cubrir la subisidiaridad de las poblaciones vulnerables, cuando los que pagan esos subsidios ya no generen los ingresos que les permitían abastecer el recaudo público?
Por más torpes que parezcan, y si que sabemos cuanto se esfuerzan algunos miembros del gabinete ministerial no solo en aparentarlo, se sabe que existe un mínimo entendimiento de la encrucijada en que se encuentran. Para desgracia del país, ese conocimiento no implica coraje.
Tan claro es que lo saben, y tan evidente es su claudicación, que el Ministro de Hacienda, a la buena usanza de sus antecesores, ya propone sin pudor una nueva reforma para gravar a los mismos de siempre, nunca para apretar a los dueños de los bancos, llámense como se llamen.
Si en condiciones normales sostenerse implicaba un esfuerzo enorme para quienes hacen empresa, ninguna opción hay para soportar la tempestad sin que la banca privada financie o refinancie deudas y sin que el sector público neutralice a su perro de caza, el ministro Carrasquilla.
‪Son centenares de personas a las que cada uno de nosotros hemos escuchado relatar cómo las acciones financieras y de servicios bancarios que pomposamente fueron anunciadas en los medios, han resultado una falacia encubierta con la frase “estamos estudiando su caso”.
No es la economía a la que no se puede dejar caer, es a las personas, a la señora de la agencia de viajes, a la pareja que administra un hostal, al dueño de la farmacia, al vecino que vende computadores o al que tiene un lavadero de carros, a ellos, son a los que no pueden dejar caer.
Mientras que dentro del gobierno no tomen medidas obligatorias, y no lo harán, frente a los bancos, con el propósito específico de bajar tasas, y congelar deudas descontando los intereses causados durante la epidemia, no habrá más que esperar una lenta agonía económica para el país.
Decía el expresidente español Felipe González un poco antes del Covid-19, que la sostenibilidad del modelo económico que hoy nos rige va a fracasar y que las sociedades no soportarían una nueva crisis.
La conclusión entonces, y se me arruga el alma al pensarlo, es que posiblemente estemos, como también dijo el expresidente Gonzalez en otra ocasión, intentando salvar un mundo que ya hemos perdido.
El fatalismo no me sienta bien, pero tampoco quiero resignarme a ver qué todo ocurra sin antes haber compartido, aunque sea, la inquietud de mis desvelos, que es el mismo desvelo de otros.


Reflexiones al tema pensiones